Mundo ficciónIniciar sesiónMatteo Vieri lo perdió todo cuando Elena, la única mujer que amó, lo traicionó brutalmente. Lo humilló, lo llamó un "fracaso" y lo abandonó, todo para forzarlo a sobrevivir. Su plan funcionó. El dulce Matteo murió, y en su lugar surgió El Vieri, un clon frío y despiadado del fundador del clan Costa Norte, consumido por el odio. Años después, Elena regresa. Su propio pasado traumático la obliga a buscar refugio en el mundo de la mafia, enfrentándose al hombre que destruyó para salvar. El Vieri la tortura, la desprecia y niega su amor, utilizando su propia fragilidad como arma. Mientras el clan Veira se desgarra por el misterio de la madre y el cambio de Matteo, Elena debe confrontar el monstruo que creó. En un mundo donde el amor es debilidad, el sacrificio de Elena es su única redención, pero también el arma más letal
Leer másEl eco de los neumáticos de Matteo sobre la grava de la mansión anunció el fin de la cacería y el inicio del juicio. Del asiento trasero del coche, Matteo arrastró a Tatiana con una brusquedad que no dejaba lugar a la piedad. La joven, que siempre se había jactado de su elegancia barata y su superioridad sobre Elena, ahora era un manojo de nervios, con el maquillaje corrido y la ropa rasgada por el forcejeo.En la entrada de la mansión, los Vieri esperaban como una corte de dioses antiguos. Valentina estaba en el centro, con los brazos cruzados y una expresión que habría hecho temblar al mismísimo diablo. Detrás de ella, Elena permanecía de pie, envuelta en una bata de seda negra que Matteo le había enviado. Se veía frágil, pero sus ojos ya no eran los de la víctima; eran los ojos de alguien que acababa de despertar de una pesadilla eterna.Matteo lanzó a Tatiana a los pies de las escaleras. Antes de que la joven pudiera abrir la boca para suplicar, Valentina descendió los escalones c
El silencio en el gimnasio no era paz; era la calma antes de que un volcán redujera la ciudad a cenizas. Matteo, el hombre que se enorgullecía de su control, se desmoronó frente a la mujer que había intentado destruir. Las manos de Matteo, manchadas con la sangre de Rodrigo, soltaron los hombros de Elena. Sus piernas cedieron y cayó de rodillas frente a ella, golpeando el suelo con un estruendo sordo. —Perdóname... —el susurro de Matteo fue un desgarro—. Elena, por lo que más quieras... perdóname. Apoyó la frente contra las rodillas de ella, sollozando con una agonía que nacía desde lo más profundo de su pecho. El heredero de los Vieri estaba roto. Cada insulto, cada humillación y cada gramo de odio que le había lanzado en los últimos tres años regresaba a él como dagas al rojo vivo. Había despreciado a la única persona que se había dejado quemar viva para mantenerlo a salvo. Elena, temblando, puso sus manos sobre la cabeza de Matteo. No había palabras, solo el contacto de dos
(Flashback)Las palabras de Matteo quedaron suspendidas en el aire del gimnasio, pero en la mente de Elena, el presente se disolvió. El olor a sangre de Rodrigo activó una compuerta que ella había mantenido sellada con cadenas de acero. De repente, ya no tenía veintitrés años. Tenía seis, luego diez, luego quince... y el dolor era el mismo.El primer recuerdo no era de amor, sino de hambre. Una casa pequeña en las afueras, donde el frío se colaba por las grietas. Su madre, esa mujer de belleza gélida que siempre parecía mirar por encima de todos, la sujetaba del mentón con una fuerza que le dejaba marcas.—Mírate, Elena —le decía su madre, mientras le cepillaba el cabello con una violencia innecesaria—. Tienes mi cara. Es lo único valioso que posees. No desperdicies tu única oportunidad de ser algo más que una muerta de hambre. Es tu deber pagar por el aire que respiras y el pan que te doy.A los diez años, Elena no entendía qué significaba "pagar". Lo entendió un viernes por la noch
El anochecer caía sobre la mansión de seguridad, tiñendo el cielo de un rojo violento. Rodrigo Velásquez, impulsado por el pánico a la "Mujer de la Villa" y la avaricia de los ceros en su cuenta, había logrado lo imposible: usar una vieja ruta de suministros que conocía de sus días como informante para burlar el perímetro exterior.Elena se encontraba en el área de descanso del gimnasio, bebiendo agua y tratando de calmar el temblor de sus manos tras el encuentro con Matteo. La soledad del pabellón, usualmente reconfortante, se volvió asfixiante cuando escuchó el chirrido de una puerta metálica.—Vaya, vaya... La princesita se esconde en un castillo de cristal —la voz de Rodrigo, cargada de veneno y alcohol, resonó en el eco del salón.Elena se puso en pie de un salto, su corazón martilleando contra sus costillas. —¡Rodrigo! ¿Cómo has entrado aquí? Tienes que irte, si te encuentran...—¡Cierra la boca, maldita basura! —rugió Rodrigo, avanzando hacia ella con los ojos inyectados en san
Último capítulo