La mansión de Dimitri y Valentina, usualmente un santuario de paz, fue violada por el sonido de neumáticos chirriando sobre la grava. Matteo bajó de su coche antes de que este se detuviera por completo. Entró en la casa sin llamar, apartando a los guardias de Dimitri con una furia ciega.
—¡DIMITRI! —el grito de Matteo sacudió las paredes—. ¡Saca a esa perra de mi vista! ¡Sé que la tienes aquí!
Dimitri apareció en lo alto de las escaleras, con una calma gélida que contrastaba violentamente con e