El alta médica de Elena no fue una celebración, sino una operación táctica. Valentina no permitió que Elena regresara a su pensión de mala muerte ni que se quedara a merced de los guardias de su padre. En contra de los gruñidos de Matteo, Valentina la trasladó al pabellón de entrenamiento de su mansión privada, un lugar donde el lujo se mezclaba con el olor a cuero, sudor y pólvora.
Elena caminaba con dificultad, apoyada en el brazo de una enfermera privada. Sus niveles de azúcar se habían esta