(Flashback)
Las palabras de Matteo quedaron suspendidas en el aire del gimnasio, pero en la mente de Elena, el presente se disolvió. El olor a sangre de Rodrigo activó una compuerta que ella había mantenido sellada con cadenas de acero. De repente, ya no tenía veintitrés años. Tenía seis, luego diez, luego quince... y el dolor era el mismo.
El primer recuerdo no era de amor, sino de hambre. Una casa pequeña en las afueras, donde el frío se colaba por las grietas. Su madre, esa mujer de belleza