El eco de los neumáticos de Matteo sobre la grava de la mansión anunció el fin de la cacería y el inicio del juicio. Del asiento trasero del coche, Matteo arrastró a Tatiana con una brusquedad que no dejaba lugar a la piedad. La joven, que siempre se había jactado de su elegancia barata y su superioridad sobre Elena, ahora era un manojo de nervios, con el maquillaje corrido y la ropa rasgada por el forcejeo.
En la entrada de la mansión, los Vieri esperaban como una corte de dioses antiguos. Val