Mundo ficciónIniciar sesiónAnnika vive en una hermosa casa al lado de un hombre que jura ser su esposo, Leonhard. Sus días transcurren entre rutinas cuidadas, recuerdos difusos y una extraña sensación de vacío que no logra explicar. Él la protege, la colma de atenciones, pero algo no deja de atormentarla. Con frecuencia, sueña con una niña que la llama "mamá", pero ella nunca ha tenido hijos. Leonhard le asegura que solo se trata de su anhelo de ser madre y que ese deseo se manifiesta mediante sueños. Pero todo cambia cuando un desconocido aparece en su vida y pronuncia su nombre. Raiden Riegrow, un hombre herido por el pasado, la mira como si la conociera desde siempre. Sin embargo, Annika no lo recuerda. A medida que las piezas de su memoria comienzan a encajar, Annika descubre que nada de lo que la rodea es real: Leonhard no es su esposo, y su vida con él fue construida sobre mentiras, manipulación y control. Lo que alguna vez confundió con amor se revela como una prisión. Entre el amor verdadero que lucha por alcanzarla y la obsesión que se niega a perderla, Annika deberá elegir entre el pasado que le robaron y el futuro que la encadena. Y cuando recuerde quién es en realidad… alguien terminará perdiéndolo todo.
Leer másLeonhardt se despidió de Annika aquella mañana con una ternura y resistencia interna. Le costó más de lo que pensaba. En el fondo deseaba quedarse con ella, prolongar esos días de quietud y compañía que habían compartido, aferrarse a la calidez de su presencia y a la suavidad con la que ella lo miraba al despertarse.Pero la realidad siempre terminaba imponiéndose. Tenía que trabajar. Era la única forma de garantizarle a Annika la vida cómoda y estable que él se había empeñado en construirle. Quería que ella viviera como una reina, sin preocupaciones, sin necesidades insatisfechas, sin motivos para salir a la calle o exponerse al mundo exterior. Y para sostener ese pequeño universo en el que ella podía sentirse protegida, él debía cumplir con sus responsabilidades.Leonhardt no era un magnate con recursos inagotables; no pertenecía al grupo de hombres capaces de permitirse ausencias caprichosas o eternas vacaciones. Era un profesional respetado, un psicólogo con una excelente reputaci
Raiden guardó silencio por un largo instante, como si las palabras de Astrid hubiesen quedado suspendidas en el aire. Su mirada se perdió en el vacío, fija en algún punto invisible entre los árboles del parque, mientras su mente trataba de encontrar una respuesta coherente.Era evidente que la pregunta lo había descolocado. En realidad, ni él mismo sabía qué sentía. Intentaba descifrarlo, como si escarbara entre ruinas para hallar el origen de un temblor. ¿Era rencor? ¿Era decepción o una herida que jamás se cerró por completo?Tal vez era todo eso a la vez, un revoltijo de emociones entrelazadas que no podía nombrar. Pensarlo le resultaba agotador, y en ese instante de presión, con Astrid esperándole una respuesta, su mente simplemente se rehusó a cooperar.Astrid, al ver que Raiden permanecía callado, frunció el ceño con desconfianza.—¿Por qué no contestas, Raiden? Respóndeme… ¿todavía amas a Annika?Aquellas palabras parecieron romper el silencio que lo envolvía.—Astrid, por favo
—Entonces, ¿es aquí donde te la encontraste? —preguntó Astrid, observando con atención los alrededores del parque, en donde Raiden permanecía de pie.—Sí —respondió él—. Aquí es en donde solía encontrarse con Charlenne.El recuerdo de aquella escena aún lo perseguía: la silueta de Annika inclinándose para hablarle a su hija, la mirada emocionada de Charlenne al verla, la tensión que había sentido en el pecho al presenciar algo que, en otro tiempo, le habría parecido enternecedor.Pero ahora, solo le provocaba una sensación amarga. Raiden no quería volver a verla, no quería volver a enfrentarla. Cada encuentro con Annika era una herida que se abría, un recordatorio de lo que alguna vez fue amor y que ahora se había convertido en una carga.Astrid, sin embargo, había insistido con una lógica fría que lo había hecho detenerse a pensar. Le había dicho que, si de verdad quería cerrar ese capítulo, debía hacerlo de manera definitiva, que lo mejor era aprovechar la oportunidad para pedirle e
Al escuchar la voz de Annika, Leonhardt se detuvo en medio de la rutina que llevaba en la cocina, con los utensilios aún suspendidos por un instante en el aire mientras giraba lentamente para mirarla. Su mirada se posó en el moretón que surcaba el rostro de Annika, un hematoma oscuro que le punzó el corazón.No era un dolor físico, sino un tormento emocional, porque Leonhardt no era alguien que disfrutara causarle daño a Annika; la adoraba con una devoción casi obsesiva, un amor que rayaba en la locura. Ver ese moretón era como recibir un golpe, una evidencia de que la vulnerabilidad de ella había sido lastimada, aunque su intención nunca hubiera sido lastimarla en sí, sino protegerla y mantenerla cerca.Sus ojos recorrieron cada detalle de su rostro, captando la seriedad de su expresión, a lo que un escalofrío le recorrió la espalda; por un momento, Leonhardt sintió un atisbo de temor, una duda que apenas se atrevía a reconocer. A pesar de haber comprobado ya varias veces que sus mét
Último capítulo