Decidido, Raiden tomó la mano de Charlenne. La niña, aún confundida por lo ocurrido, obedeció en silencio, mirando hacia atrás con ojos preocupados. Raiden comenzó a caminar con paso rápido, determinado a alejarse de aquel lugar y de la mujer que, según él, había traicionado toda su confianza años atrás.
Sin embargo, antes de que pudiera avanzar más de unos pocos pasos, sintió una presión en el brazo. Annika lo había tomado, intentando detenerlo.
—Por favor, señor… espere —articuló ella.
Raiden