—Entonces, ¿es aquí donde te la encontraste? —preguntó Astrid, observando con atención los alrededores del parque, en donde Raiden permanecía de pie.
—Sí —respondió él—. Aquí es en donde solía encontrarse con Charlenne.
El recuerdo de aquella escena aún lo perseguía: la silueta de Annika inclinándose para hablarle a su hija, la mirada emocionada de Charlenne al verla, la tensión que había sentido en el pecho al presenciar algo que, en otro tiempo, le habría parecido enternecedor.
Pero ahora, so