Mundo ficciónIniciar sesiónLuciana perdió a su madre a una edad temprana, y su padre se volvió a casar rápidamente con una mujer que trajo consigo a Mónica, su hija ilegítima. Desde entonces, su vida se convirtió en un tormento bajo la crueldad de su madrastra, quien no solo la maltrataba a ella, sino también a Pedro, su hermano menor, quien sufre de autismo. Desesperada por conseguir dinero para el tratamiento médico de su hermano, Luciana se ve obligada a seguir las órdenes de su madrastra y sustituir a Mónica para vender su cuerpo a un hombre repugnante. Sin embargo, en su nerviosismo, Luciana se equivoca de habitación y se encuentra con un hombre que había sido drogado. En la oscuridad, ese hombre siente una conexión especial con ella, que lo convence de que ha encontrado a su amor destinada. Pero al día siguiente, una serie de malentendidos lo lleva a confundir a Luciana con otra persona, y le promete matrimonio a la chica equivocada. Mientras tanto, Luciana descubre que ha quedado embarazada… ¿Qué destino le espera a Luciana junto a Alejandro, el hombre con quien estaba comprometida desde su niñez? ¿Podrá este encuentro accidental transformarse en un amor idílico, o el pasado y los malentendidos serán demasiado fuertes para superarlos?
Leer másAl salir del hospital, Alejandro tuvo todavía más cuidado con Luciana.Ese día, en un principio pensaba ir a la empresa, pero en ese momento ya no tenía ningunas ganas de hacerlo.—Luci, ¿qué quieres hacer hoy? —preguntó—. Te acompaño a lo que sea, ¿sí?—Claro —Luciana entendió muy bien lo que él quería decir y no lo rechazó.Cruzaron juntos el vestíbulo de consultas externas y caminaron hacia la salida.De pronto, Luciana se detuvo en seco, con la mirada fija en una dirección.—¿Luci? —Alejandro pensó que quizá se sentía mal—. ¿Qué pasó?—Oh… —Luciana le lanzó una mirada de reojo—. Vi a alguien conocido. Tú también la conoces.—¿Ah, sí?Alejandro siguió la dirección de su mirada. En la zona de registro automático, al final de la fila, había una mujer.—¿Quién es? —entrecerró los ojos, como esforzándose por recordar.—¿Mmm? —Luciana alzó la cabeza y lo examinó divertida—. ¿De verdad no la reconoces? Te sale bastante bien eso de hacerte el que no sabe, ¿eh?—No es eso… De verdad no la r
Dos meses después.Muy temprano aquella mañana, Alejandro se despertó.Se levantó en silencio, para no hacer ruido, bajó las escaleras y se fue directo a la cocina para prepararle el desayuno a Luciana.Un mes antes, Luciana había empezado con las náuseas del embarazo.Todo lo que comía lo vomitaba; a veces, incluso, hasta el agua.Su apetito se había desplomado; fuera la hora que fuera, cuando alguien le preguntaba, ella solo decía que no tenía hambre.En casa tenían chef de cocina internacional y de cocina tradicional, y además Amy estaba al mando; en cuanto se le antojaba algo, podían servírselo en la mesa de inmediato.Pero Luciana se había puesto muy selectiva: solo comía lo que Alejandro cocinaba.Por eso, siempre que tenía un poco de tiempo, era Alejandro quien se metía a la cocina. Y el desayuno, ni se diga: él se encargaba de todo.En la cocina, Amy lo vio entrar y sonrió.—Señor, ya se levantó. Le dejé todos los ingredientes listos.—Ajá, gracias.Amy tomó un delantal y se lo
Aquel viaje a Toronto estuvo lleno de risas y momentos felices.***Ocho meses después, Martina dio a luz a un niño en el Hospital Santa Misericordia.Era un bebé grande, casi de cuatro kilos, gordito y sano.Se convirtió en el primer nieto de los padres de Martina y en el nieto más pequeño de la familia de Salvador. Desde que llegó al mundo, parecía que ya había nacido con la cuchara de plata en la boca.Por motivos de salud, Martina no pudo tener un parto natural; tuvieron que practicarle una cesárea.Salvador también entró al quirófano. Primero esperó en la sala de preparación y, cuando nació el bebé, lo dejaron pasar.Se puso la bata estéril y los guantes, tomó las tijeras que le pasó el médico y cortó el cordón umbilical que todavía unía al bebé con su madre.Luego, con el niño en brazos, se acercó a Martina y los estrechó a los dos contra su pecho.—Marti, gracias por todo lo que aguantaste.Martina curvó los labios en una sonrisa.—Sí.Cuando salieron del quirófano, llevaron a M
—¿Qué quieres decir? —Martina se quedó pasmada.—¡Te estoy preguntando, contesta nada más! —Lucy se desesperó.—Creo que fue... el... mes pasado —Martina hizo memoria.—¡Ay, por Dios! —Lucy no sabía si reír o llorar—. Con la relación que tienen ustedes dos, y con tu regla tan atrasada, ¿de verdad no se te ocurrió nada?—Yo... —Martina negó con la cabeza, todavía perdida—. Desde que me recuperé, esto ha sido muy irregular.—Pues tampoco tan irregular —refunfuñó Lucy.Lucy le lanzó una mirada a Salvador.—¿Me crees o no? Que esté vomitando así... es por ti.—¿Eh? —Martina abrió mucho los ojos—. No... no puede ser.—¿Y por qué no?Lucy dejó escapar una risita.—Ustedes los jóvenes sí que no saben nada. Cuando una pareja se quiere de verdad, la que se embaraza es ella, pero al que le dan las náuseas es a él.Al mismo tiempo los apuró:—¿Qué hacen todavía aquí parados? Váyanse ya al hospital a hacerse unos estudios.—Oh... —murmuró Martina.Fueron al hospital y, cuando salió el resultado, t
Pedro era alto, y podía subir a Alba a sus hombros sin ningún esfuerzo; fueran adonde fueran, ella ni siquiera tenía que dar un paso.Alba se ponía tan contenta que gritaba:—¡Este es mi lugar! ¡Esto es el paraíso!Cuando esa frase corrió por toda la casa, los adultos no pudieron contener la risa.Conforme pasaron los días, los invitados fueron llegando uno tras otro.La boda llegó, tal como estaba planeado.En el viejo casco de la hacienda todo estaba cubierto de alfombras rojas. Pedro volvió a cargar a Luciana en la espalda para acompañarla hasta donde estaba Alejandro, listo para recibirla.Le entregó a su hermana en las manos:—Cuñado, te dejo a mi hermana.El muchacho ahora hablaba mucho más fluido que antes.—Tranquilo —Alejandro tomó a su novia de la mano. Detrás de ellos venían Alba y Kevin, los dos pajes, sembrando pétalos por todo el camino.En el momento de aventar el ramo, Luciana avisó en voz alta:—¡Ahí va, eh! ¡Una, dos, tres!Lanzó los brazos hacia atrás.El ramo salió
Al principio, Luciana no pensaba volver a hacer boda.Sentía que, después de todo lo vivido, con el acta de matrimonio y la familia unida alcanzaba.Pero en cuanto dejó el tema en manos de Lucy, y se sumó Enzo, la cosa cambió. Los dos cargaban con la culpa de no haber estado en la vida de su hija durante tantos años; con una oportunidad así enfrente, ¿cómo no iban a querer desquitarse y consentirla a lo grande?De paso, medio año antes Enzo ya se había divorciado legalmente de Isabel. Al día siguiente, se presentó en el registro civil con Lucy del brazo y salieron de ahí como marido y mujer de verdad.Dos décadas largas de enredo, por fin habían llegado a algún lugar.Al menos para ellos, era un final feliz.La boda de Enzo y Lucy fue un escándalo de grande: toda la crema y nata de Canadá que pudo ir, fue. Enzo por fin se dio el lujo de sacar pecho y casarse con la mujer que había amado desde joven, dejándola al fin pararse a su lado con todos los honores.Luciana y Alejandro pidieron
Último capítulo