SUMISA PARA MI TIO EL CEO

SUMISA PARA MI TIO EL CEOES

Hombre lobo
Última actualización: 2025-11-25
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Resumen
Índice

Muchos dirán que soy un alma en desgracias. Perdí a mis padres en una tormenta en medio del mar y el destino me llevó a vivir con mi tío, Oswald Rolle, el Alfa solitario más temido de las Bahamas. Dicen que no tiene corazón, y eso me pone los pelos de puntas. Criado entre traiciones y pérdidas, descubri que se encerró en un mundo de silencios y desconfianza. Nadie logra quedarse a su lado… hasta que llego yo. No recuerdo mucho de él, solo su nombre y la forma en que ahora su presencia me altera. Yo soy nubes negras, él oscuridad. Y aunque nuestro lazo debería ser solo familiar, algo mucho más profundo empieza a despertarse entre nosotros. Creo que me enamoré de él. A veces, el alma reconoce a quien está destinada, incluso si el mundo lo prohíbe. Y la mía… eligió a Oswald Rolle, mi tutor, mi amor y mi tio el ceo.

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Capítulo 1

Volviendo a ver a mi tio, el ceo.

El avión por fin toca tierra y siento que todo mi cuerpo se relaja… solo un poquito, porque ya sé que lo que viene no será fácil. Una nueva vida, un nuevo por venir.

Me pongo de pie, ajusto la mochila terciada al hombro, salgo del avión, y miro mi telefono nada interesante. Paso por mi maleta que retiro de la cinta de equipaje de la aerolinea. Arrastro la maleta que parece más grande que yo , deseando secretamente que alguien aparezca y me diga que todo esto es un mal chiste. Uno que solo se puede contar en una historia de terror o fantacia clasica.

—Señorita Rolle —oigo una voz formal entre la multitud.

Me giro y ahí está: Lawrence, el asistente personal de mi tío que quedó en recogerme por video llamada, lleva un traje gris impecable, una expresión seria, como si fuera un robot de lujo diseñado solo para decir “sí, señorita”. El tipo sostiene un cartel discreto con mi nombre escrito en letra clara.

—Hola...

—Soy Lawrence, ya nos hablamos por teléfono — me dice, extendiendo su mano hacia mi—. Mi tarea es llevarla con su tío. Él me pidió que me asegurara de que llegara bien.

Lo miro de arriba abajo. No sonríe. No hace ningún intento de parecer simpático. Nada de nada. Y, de alguna manera, eso me hace sonreír a mí. Es divertido ver a alguien tan solemne en persona.

—Perfecto —le digo, empujando mi maleta mientras me hago la que estoy relajada—. Vamos, no aguanto estos zapatos.

El trayecto hasta el auto es silencioso, interrumpido solo por mis pensamientos y el sonido lejano de maletas rodando, gente corriendo y gritos de familiares emocionados por los encuentros. No puedo evitar mirar alrededor y comparar con los aeropuertos que he visto en películas: todo parece demasiado grande y brillante, y yo me siento como una intrusa en un mundo que no me pertenece. Ningun familiar vino por mi.

Lawrence abre la puerta del auto y me indica que suba. No hay música, solo el aire acondicionado mas frio que el polo norte. Me acomodo junto a la ventana, la bajo para ver el paisaje pasar y mientras arranca, dejo que la brisa que entra por la ventanilla me despeine un poco. Lo observo, serio, con las manos firmes sobre el volante, y no puedo evitar imaginar a mi tio, ese hombre que de seguro a cambiado, enque se habrá convertido, qué clase de hombre tan metódico me va a criar a mi desde ahora hasta que sea mayor de edad.

No lo recuerdo, nunca supe de él en estos ultimos diez años hasta ahora. Ya tengo diesiciete años, en solo un año seré libre como el viento. Solo tengo que soportarlo un año y listo.

Mis dedos juegan con mis mechoncitos, mientras miro el mar que se extiende en la distancia. Azul profundo, brillante, tan limpio que duele mirarlo. Nunca habia ido al mar en america, solo lo habia visto en la televisión. Y ahora yo solo pienso en la vida que he perdido, en mis padres, en la tormenta que se los llevó, en todo lo que no puedo cambiar.

—Lawrence, ¿siempre conduces así de serio? —pregunto, tratando de romper el hielo.

Él me mira por el espejo lateral y arquea una ceja. —Siempre, señorita. Es mi estilo.

Suspiré y me recosté en el asiento.

Bueno, al menos alguien mantiene la seriedad, pensé.

Durante el camino, mis ojos no dejan de mirar por la ventana: las palmeras, los pequeños barcos, los puentes, el sol que hace brillar todo. Todo es tan distinto de mi mundo anterior, que no puedo decidir si quiero llorar de felicidad o de miedo. Probablemente las dos cosas.

—Lawrence, ¿Mi tío… es siempre así de… misterioso que no vino por mi? —pregunto sin pensar demasiado.

—Es complicado señorita — me responde él con precisión quirúrgica—. Nadie ha logrado quedarse mucho tiempo en su casa. Es exigente, desconfiado y… poco tolerante a errores.

Me río bajo, sin poder evitarlo. “Complicado” es la forma más suave de describir a un hombre que, según escuché de terceros, puede hacer que cualquier adulto se ponga nervioso. Y yo… bueno, yo siempre he sido rebelde. Este choque va a ser interesante. Tal vez se aburra, me regale un apartamento en miami, una cuenta sin fondo y una linda asistente como en las telenovelas. ¿Quien querria vivir aqui alejados del mundo por tanto tiempo?

Yo siempre me meto en problemas por no seguir reglas. Mi mamá me decía que era curiosa, demasiado curiosa, y que algún día me iba a meter en líos por ello. Ahora pienso que tenía razón, solo que los líos ahora mismo  tienen forma de hombres serios y una casa enorme frente al mar.

Llegamos a la mansión de mi querido tio el ceo, Oswald Rolle y me detengo un segundo para admirarla: blanca, perfecta, imponente, con ventanales gigantescos que reflejan el mar. Todo huele a limpio y a lujo, pero también a algo frío al no ver más de unos cuantos sirvientes recibiendome sin decir nada, solo inclinando la cabeza. Algo que me hace sentir pequeña y desafiante al mismo tiempo.

Lawrence abre la puerta y me indica que pase que los sirvientes van de salida. Camino adentro, arrastrando mi maleta, y lo primero que noto es el silencio, no hay ningun tipo de animal, ni perro ni gato y menos un ave enjaulado (aunque eso es lo que yo parezco). No hay música, no hay nada mas que lujo, ni siquiera el ruido de las olas parece entrar. Todo está tan limpio que me siento como si hubiera cruzado a otro mundo, uno en el que mi maletas y mis revistas de chicos probablemente no tengan cabida.

—Espere aqui por favor, señorita, voy a hacer una llamada.

Y me deja sola como un mueble más.

Me siento en un sofá blanco enorme. Mis pies no tocan el suelo y muerdo la paleta dulce que vengo lamiendo desde hace rato, pensando que nunca me había sentido tan observada y, al mismo tiempo, tan invisible. Es extraño… y me gusta.

Entonces escucho pasos. Mi corazón da un brinco y sin siquiera saber de quién se trata.

Mis ojos se fijan en su cuerpo desnudo que viene bajando con una tablet en una mano distraido llevando solo una bata abierta y en cómo se mueve, controlando cada paso. No sé si me intimida o me fascina lo que veo, pero algo en mí se enciende tanto que siento como mi ropa interior se humedese al instante: curiosidad, adrenalina, la mezcla perfecta de miedo y emoción al ver semejante garrote a pesar de estar dormido. Nunca habia visto a un hombre desnudo, solo en mis revistas de mangas boys lover. El hombre baja las escaleras con una autoridad silenciosa sin siquiera percatarse que estoy comiendolo con los ojos.

Cuando finalmente levanta la cabeza al final de las escaleras, nuestros ojos se encuentran. Siento que me escanea de arriba abajo en un segundo, y yo, consciente de cada centímetro de mi ser y de su cuerpo a la vista, no puedo evitar morderme el labio. Hay algo en su mirada que me obliga a quedarme quieta, aunque mi cabeza quiere mil comentarios sarcásticos listos para soltar y molestarlo un poco.

—¿Pero que demonios? —me dice, dejando la tablet de lado e intentando amarrarse la dichosa bata de seda.

Y allí estoy, en medio del salón blanco, con la paleta medio derretida, mientras me doy cuenta de que esta no será una estadía común. Esto… esto va a ser interesante.

—Hola...tu debes ser mi tio.

Me recuesto un poco más, cruzo los brazos y pienso en los chicos de mis revistas. Pienso en los músculos, en las miradas atrevidas, en los gestos que me hacían reír y sonrojarme al mismo tiempo. Nunca había estado tan cerca de alguien que parecía salido de esas páginas, pero más… real, más imponente, más intocable y mas grande en todos los sentidos. La tiene enorme, venosa y muy apetecible. Me pregunto como seria tenarla dentro.

Y lo sé. Sé que este primer encuentro no será el último, y que, aunque él no lo sepa aún, va a hacer que cada pensamiento que tengo sobre chicos, deseos y rebeldía se ponga en juego.

Suspiro, dejo caer la paleta y pienso: “Bienvenida a mi nueva vida, Gwendoly. Aquí nada será fácil, pero tampoco aburrido.”

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