Luna en problemas.
— Joven amo...¿cómo es que está aquí?
El chófer abre la puerta confundido con ese gesto educado de siempre y, por un segundo, veo cómo mi tío se transforma: la mandíbula se le tensa, los ojos me recorren de arriba abajo como si pudiera devorarme con la mirada.
— Vamos rápido Héctor— le digo sentándome detrás.
— ¡Tu!...— dice mi tío mientras se sienta a mi lado.
Me mira como si fuera un bocadillo exótico y peligroso a la vez. Me dan ganas de aplaudir; lo tengo justo donde yo quería: fuera de quicio y sin saber qué hacer.
— Tío, tengo sueño— le digo recostandome de su pecho.
— Sabes muy bien lo que hiciste pequeña demonia.
—No le pelees querido tío —susurro rápido a mi tío sin darle tiempo a ningún arrebato de caballerosidad o de demonio—. Fue culpa mía. Castígame a mí— digo, jugando con la culpabilidad. Él frunce el ceño.
— No lo vuelvas a hacer y tú Héctor tienes prohibido llevar a mi sobrina a otro lugar del que te haya encargado — lo escucho respirar hondo.
Oswald respira como si fu