Mundo ficciónIniciar sesiónEn la capital de Colombia, vive una manada de hombres lobos, liderada por el Alfa, quien logró hacerse a cargo de una mafia colombiana, pero en el camino se enemistó con varias mafias rivales y también entró en guerra con una tribu de hombres jaguares, quienes acabaron con casi toda su familia. Su único heredero, Alberto, se enamora de Mariana, una humana de clase baja, y el padre no acepta esta relación. Todo empeora cuando Mariana es mordida por un hombre jaguar y adquiere el poder de transformarse en uno de esos seres. También cuando Alberto debe prometer que se casará con una beta de un clan para hacer aliados, pero se niega a dejar a su amada. Mariana y Alberto deben superar los obstáculos que se interponen en su camino, incluyendo la guerra entre las mafias, la oposición de su padre y la cacería de los hombres jaguares. Ellos tendrán que buscar la solución para que él la pueda transformar en lobo y curarle el cambio a Jaguar, para poder unirse en matrimonio, pero todo se complica cuando ella queda embarazada.
Leer másALBERTO Y MARIANA
—Alberto, entiende que lo nuestro no puede ser.
—Mariana, lo entiendo, pero no lo acepto, yo te amo y no me importa nada más.
—Es muy romántico, pero estás muy alejado de la realidad, no solo es el hecho de que eres un hombre lobo, es todo lo demás.
—Te juro que voy a encontrar solución a todos esos inconvenientes, no sé cómo, pero lo haré, solo sé que no puedo vivir sin tus hermosos ojos verdes, tu cabello dorado y ese hermoso aroma que hueles.
—Eso es otra cosa, a mí también me encanta tu porte elegante, tus ojos color miel donde me pierdo, tu peinado que nunca se arruina, ese cabello negro, tu barba en candado que me apresa, tu corpulencia me hace sentir protegida, sumado a tus modales y atenciones, fue imposible que no me enamorara de ti.
— ¿Entonces, por qué no me aceptas? Vámonos juntos a vivir a una isla privada, alejémonos de todo, en ese lugar estaremos solo los dos, donde nos entregaremos de lleno al amor.
—Alberto, sabes que tus enemigos no nos dejarán en paz ni siquiera en el último rincón del planeta.
—Pues mi amada Mariana, nos iremos a otro mundo, donde logremos ser felices para siempre.
—No, mi adorado Alberto, ya tomé la decisión, no quiero seguir pasando por todo lo que me ha tocado, es un milagro que esté viva, después de tantos infortunios, es que saqué la conclusión de que es muy peligroso ser la esposa de un mafioso y aún peor de un hombre lobo.
—Te lo repito, haré lo que sea y eso incluye dejar la mafia, sin importar que sea expulsado de la manada, tú eres mi luna, el amor de mi vida.
—Alberto, por favor, reacciona, tu padre es el alfa, él nunca nos dejará estar juntos, recuerda cómo se opuso cuando se enteró de que yo era una humana y peor una pobre. Por favor, déjame en paz.
—No, recuerda lo que te prometí el día en que nos conocimos, por favor, recuérdalo.
—Eso fue hace mucho recuerdo que ese día estábamos en una situación parecida a esta, yo estaba siendo perseguida por un ejército de jaguares y cuando me tenían acorralada, tú apareciste como caído del cielo salvándome como un superhéroe. Los sucesos de ese día me hicieron cuestionar en todo lo que yo creía que era la realidad, no solo por tu transformación, sino por la de ellos, aparte que no me pasaba por la cabeza que las mafias eran controladas por seres sobrenaturales.
—Es que nuestras habilidades nos dan ventaja para enfrentar las calamidades de esta profesión tan peligrosa. A propósito de peligros, nos tienen rodeados, son veintidós, los puedo oler, tendré que pelear mientras escapas.
—Nada de eso, señor, ya no soy esa muchacha asustadiza, aprendí a luchar y a afrontar mis miedos, lucharé a tu lado, nunca más volveré a ser la damisela en apuros que necesita de su príncipe para ser salvada. Considere que escondernos en este edificio abandonado no era una buena idea.
—Entonces, Mariana, querida, ¿por qué accediste a esconderte conmigo?
—Porque necesitaba hablar contigo, también quería colocar mis ideas en orden y descansar un poco. Llevamos huyendo toda la noche.
—En cuanto a que escapes, no lo digo por qué me dé miedo que no puedas defenderte, es que temo que yo pierda el control y pueda hacerte algún daño.
—Alberto, no puedo escapar sabiendo que te pueden causar daño, o te maten.
—Tranquila, he tenido peleas más duras. Desde que llegué a este país huyendo de los cazadores europeos, tuve que enfrentarme a muchos enemigos. En especial, cuando mi padre aceptó ser el chofer de ese narco y luego lo reemplazó cuando sus enemigos lo eliminaron, se hizo jefe de esa organización y reunió a varios hombres lobo sin manada, quienes lo eligieron como el alfa. Por esto siempre fui un blanco de bravucones que querían hacer sufrir a mi padre por medio de hacerme daño.
Justo en ese momento, unos hombres vestidos con ruanas de lana entraron al cuarto donde se encontraban escondidos detrás de una pared y uno de ellos les gritó:
— ¡Quietos!, entréguense, les prometo que les respetaremos sus vidas, no se escondan, podemos oler su miedo.
—No les tenemos miedo, solo queríamos traerlos a este sitio, ustedes, si tienen razones para temer, aún pueden huir, antes de que se arrepientan—. Alberto salió del escondite, sacando su pecho y mirándolos con desprecio y altivez.
—No te creas el invencible, pedazo de can, ustedes son solo dos, en cambio, nosotros somos varios, no tienen oportunidad—. Contestó uno de sus perseguidores mostrándole una mano que se transformó en una garra amarillenta y detrás de este aparecieron más hombres.
—Puede que nos superen en número, pero nosotros somos más poderosos—. Alberto se hinchó al aumentar su tamaño, le brotó pelo gris por todo su cuerpo destruyendo su ropaje, su mandíbula se estiró, sus orejas se volvieron puntiagudas, sus dientes se alargaron como colmillos, sus ojos color miel ahora parecían lanzar chispas y sus manos eran unas poderosas garras.
—Desde luego, lobezno, sabemos que eres fuerte, aunque no tanto para pelear contra todos nosotros y a la vez proteger a esa chica humana, ya veremos que no aguantaras mucho—. El hombre se quitó la ruana lanzándola por el aire y se transformó en un jaguar que rugía mostrando sus poderosos colmillos.
—Si es verdad, ya son muchas palabras, vamos a la acción, recuerden que tenemos que llevar viva a la mujer, fue lo que nos encargó el chamán y por este perro no tenemos que cohibirnos, vamos a darle con todas nuestras fuerzas—. También se transformó otro, rugiendo, y fue seguido por los demás que se abalanzaban contra Alberto, quien los golpeaba con sus garras a manera de b**e de baseball, aunque uno logró esquivar su defensa y consiguió morderle el cuello, donde quedó prensado como un gancho de tendedero.
—Suéltale el cuello, bestia repugnante, largo de aquí gatos superdesarrollados—. Mariana gritó, golpeando con una patada voladora al jaguar que mordía del cuello al lobo, consiguiendo que lo soltara y se estrellara contra el piso, donde fue rematado por un pisotón de Alberto.
—Compañeros, el chamán nos ordenó llevarla con vida, eso no implica que tenemos que llevarla intacta—. Rugió uno de los hombres jaguares, que se lanzó a atacarla, pero fue bloqueado por Alberto, quien por defenderla descuidó su guardia y sus atacantes le mordieron las patas y la cola, haciéndolo perder el equilibrio.
— ¡Déjenlo quieto!—. Exclamó Mariana, al contemplar cómo varios de esos pequeños tigres estaban encima de su amado, desesperada los empujo apartando a unos, los suficientes para que Alberto se pudiera reincorporar.
—Gracias, mi amor, solo nos queda una opción, tenemos que correr—. Alberto rugió atacando a los jaguares más cercanos.
—No, amor, no tenemos opciones, solo nos quedan las medidas desesperadas—. Ella sacó un encendedor de su bolsillo, se subió sobre los hombros de su hombre lobo y lo prendió debajo de un sensor del sistema contra incendios, que causó que los aspersores se activaran llenando de agua el lugar, provocando desorientación en los jaguares.
—Agárrate fuerte, mi amor—. Alberto le dijo a Mariana mientras esta se aferró a su espalda. Él corrió en cuatro patas esquivando a las otras fieras y saltó por una vieja ventana que daba a la calle principal. La caída de seis pisos no les afectó por la resistencia corporal del enorme lobo, quien al caer siguió emprendiendo la huida.
—Amor, por favor, espera, para un momento, por favor, Alberto.
—Desde luego, amor, me parece que ya estamos a salvo, ¿qué te ocurrió?, ¿Déjame ver esa herida?
—Alberto, no es una simple herida, es una mordida, sabes lo que significa.
—Tranquila, encontraremos la manera de solucionarlo, sabes que siempre lo consigo.
—No, amado mío, este es el fin, sabes que, si está mordida, no me mata, me transformaré en uno de ellos y eso será una poderosa razón para que tu padre nos impida estar juntos, ahora nuestra relación se ha vuelto más imposible.
—Tal vez puede haber una solución, escuché de una sacerdotisa que tiene el poder de curar las maldiciones y a los híbridos.
—De nuevo te aferras a una esperanza, a un rumor, debes afrontar la realidad, deja de pensar en quimeras, abandona tu ingenuidad y, lo más importante, abandóname, olvídame.
—Eso no lo puedo hacer, Mariana de mi corazón, porque yo te amo con todo mi ser.
SHEILA—¿Dónde estamos? Tengo que ir a buscar a mi novia.—Mejor deberías preocuparte por ti, Alberto, fuimos capturados.—¿Sheila, qué sucedió? Tan solo recuerdo que nos perseguían unos jaguares. Estábamos buscando una flor para preparar la pócima de conversión.—Alberto, es complicado, esos bichos te mataron, pero el anciano Sancho, con un ritual, te resucitó. ¿No recuerdas?—Me duele la cabeza al tratar de recordar algo, pero estoy lleno de angustia por mi Mariana, de mi corazón, la mujer más bella que he olido en toda la faz de la tierra. ¿Sabes qué pasó con ella?—Eres el típico enamorado, mejor deberías preguntar por qué estamos atados en estas camillas, en este salón que no parece un hospital. Yo estoy aterrada con esta fragancia de anestesia.—Tienes razón, no había sentido, estás soga, que están muy apretadas. Eso no quiere decir que el ejército del chamán nos capturara. Por un lado, es bueno, de esa forma me queda fácil liberar a mi Mariana.—Estás equivocado, no fueron los
MARIANAElla perdió el conocimiento debido a los latigazos de su cruel carcelero, aunque como en un sueño le pareció escuchar lo que hablaba el muchacho de que sería juzgada sin su presencia y con el veredicto de culpabilidad ya sentenciado, por eso se forzó a despertar y supuso que podía exigir: —Espera, muchacho, necesito que me lleves al juicio. Me tengo que defender.Piré, el carcelero, alistó su látigo para enseñarle su realidad; sin embargo, el joven guerrero le señaló que parara al tiempo que habló: —Muchacha, que más quisiera que llevarte a donde fuera. Lo que sucede es que no soy, sino uno de los tantos hijos del cacique Chancó. No es que tenga mucha voz y menos voto. Lo que mi padre decida es casi sagrado. La única opción que tienes es encomendarte a tus dioses.—Príncipe checo, no me explico la razón por la cual usted parece ser tan endeble con esta forastera que mancha esta tierra sagrada con su asquerosa presencia—. Piré apretaba al látigo de la misma forma en que rastril
EL GRAN ALFA—Deduzco por tu pulso, que se puede escuchar a kilómetros, que no estabas seguro de que ese trapo viejo me fuera a detener—, el gran lobo se irguió en dos patas, adoptando la forma mixta.—Pues la verdad, no. Lo que sucede es que mi amigo me explicó que sus ataques son tan poderosos debido a que están recubiertos de una especie de aura mágica, por eso es que se pueden asesinar entre ustedes, sin necesidad de balas de plata u otro artefacto especial. Consideré que podría funcionar; ya antes me había salvado de un ser muy extraño—. Das se sujetó las solapas y tembló por un escalofrío que le dio al recordar esa cosa. Sin dudarlo, ese fue su caso más extraño hasta el día de hoy. —Un asesino que sembró el caos entre los actores y miembros de la farándula, nunca deja un rastro para seguir, o un patrón. Me tardé días en encontrar una pista, revisé cada segundo las cámaras de video, y nada. Mi prestigio se esfumaba al igual que mi carrera, y la situación empeoró cuando apareciero
DETECTIVE DASEn un bosque en los cerros orientales, un paisaje virgen y puro que contrasta con las calles de la ciudad que se encuentra a unos metros, pero que estaba atestiguando el final de uno de los que se hacían llamar guerreros de la luz, quienes dedicaban su vida a destruir monstruos que representen una amenaza a la humanidad. Esta vez el guerrero se dejó cegar por la vanagloria, siguió al Alfa de unos hombres lobos, pensó que al matarlo acabaría con la manada. Ya lo había visto una vez en otra bandada donde los machos se devoraron entre sí para conseguir el liderato, el último que permaneció en pie, quedó sin seguidores a quien dirigir. Pero no consideró la posibilidad de que este lobo le superaba con creces en sus habilidades, por lo cual estaba a punto de descubrir qué había en el más allá. El enorme lobo dejó de golpearlo, lo tenía en el suelo donde le administraba mordiscos y aruñones. Desde luego que se medía, no quería acabarlo de un solo golpe, parecía un gato jugando
SHEILAEn un callejón de casas antiguas, un paisaje colonial descuidado que alguna vez fue un barrio de la elite colombiana que luego, debido a la proliferación de habitantes de calle, decidieron vender a los jíbaros o abandonar los predios. Y que, al cabo de un tiempo por asuntos de salubridad, al gobierno le tocó intervenir en ese barrio desalojando a empujones y gases lacrimógenos. En ese paraje se encontraba Safor, el único heredero de un imperio criminal y el alfa de su manada, quien golpeaba sin descanso a la que fue su amada, la bella Sheila, quien era la hija adoptiva de su principal enemigo, aquel lobo que transformó, pero que también acabó con su familia. Pero este no era el motivo de su venganza, sino el que le aullaba con dolor: —Sheila, miserable, ¿por qué lo hiciste? No tenías que haber abortado a mi retoño, ¿es que acaso soy tan poca cosa, que no merezco tener descendencia? No merezco tener familia.La mujer intentó hablar, pero el dolor producido por sus heridas, solo
MARIANA— ¿Cuánto llevan encerrados?—Hace mucho, ya perdimos la cuenta. Lo mismo te sucederá, aunque también te pueden ejecutar, estos aborígenes son unos salvajes.—Su forma de hablar me recuerda a mi novio, quien tal vez sea pariente de ustedes.—No lo creo, señorita, una mujer de su calaña, no puede tener familiaridades con uno de nosotros. No lo digo por qué se nota en su ropa, que no es de marca, que usted es de una clase social de estrato bajo, es porque los hombres lobos únicamente se pueden emparentar con los de su clase.Mariana se levantó de su celda para agarrar los barrotes, notó que eran de madera, aunque por alguna clase de truco una descarga eléctrica la obligó a soltarlos. Se le escaparon unas groserías acompañadas de estas palabras:— ¡Qué dolor! Eso quiere decir que ustedes dos también son hombres lobo, no me imagine, pues se ven tan acobardados, nada que ver con todos los miembros de la manada, que parece que fueran capaces de desafiar a muerte a los mismísimos dio
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