Mundo ficciónIniciar sesiónMi querido tio Oswald se queda paralizado un segundo. No sé si es la sorpresa, la rabia de que lo haya visto así todo expuesto con su intimidad al aire, o la mezcla rara de ambas, pero puedo sentir su tensión desde donde estoy sentada. Sus músculos se tensan, su mandíbula se aprieta, y la bata de seda que intenta sujetarse con torpeza parece incapaz de contenerlo del todo.
Yo, por mi parte, ya no puedo ocultar mi curiosidad. —Qué bonita bienvenida. — le digo y solo parece más alarmado que mueva mis labios. Aunque su mirada solo enfocaba mis enormes pechos que sobresalen un poco de mi corset. Lo observo con descaro. La sensación de travesura me hace sonreír; es un juego silencioso que solo yo entiendo. Él me mira de reojo y eso me hace reír por dentro. Seguro que está molesto, pero no dice nada. Solo esa mirada de Alfa que lo hace intimidante… y a la vez imposible de ignorar. —Hola...y tu eres... Lawrence aparece de repente desde la oficina, con el teléfono todavía pegado a la oreja. —Señor Rolle, por el amor de Dios, disculpe la interrupción —le dice, pero no parece del todo seguro—. Debería… cubrirse con algo mejor. A caso olvidó que ella vendria hoy? Él lo ignora por un instante, pero sus ojos se desvían hacia mí un segundo más de lo necesario. Puedo notar cómo lucha por mantener la compostura. —Olvidaste recordarmelo esta mañana, Lawrence—dice finalmente, con un dejo de molestia mezclado con sorpresa. Lo miro de arriba abajo y sonrío, completamente consciente de cómo lo tengo frente a mí. No es un niño, es un hombre enorme, fuerte, intimidante, y… muy apetecible. Mis ojos recorren su torso, sus hombros, los brazos que muestran la fuerza contenida de un Alfa. Incluso puedo notar cómo el aire parece vibrar alrededor de él, un aura de poder y control que me hace latir el corazón más rápido. Pero siento que es algo indebido por ser mi tio. Sigo lamiéndo mi paleta con calma mientras me pongo de pie. No sé si estoy demasiado valiente o demasiado insensata, pero no puedo evitar disfrutar del efecto que tengo sobre él. Mis pechos, mi postura, mi mirada provocadora… todo juega un juego silencioso. Él lo nota, aunque intenta disimularlo. —Me llamo Gwendoly... Me deja con la palabra en la boca dandome la espalda. —Lawrence —ordena finalmente—. Asegúrate de que siempre me recuerdes estas cosas. Especialmente si hay gente llegando. Y llévala a su cuarto. Debe estar...agotada. Claro agotada de ver que tan grande lo tiene frio, pienso. —Si señor...Acompañeme señorita... El asistente me mira, confundido, sin tener idea de lo que ya he visto. Y vaya que si vi bastante. Yo solo le sonrío de manera inocente mientras me giro hacia el vestíbulo, dejando que él mantenga su dignidad intacta… más o menos. Caminamos por los pasillos de la mansión, el asistente lleva mi maleta a rrastros, y no puedo evitar observar cada detalle: los ventanales enormes, las paredes blancas impolutas, los muebles de diseño que parecen más piezas de museo que objetos para vivir. Todo es perfecto… casi. Tal vez demasiado frío para alguien que creció entre abrazos y risas como yo. Lawrence habla de todo incluyendo mi futuro cuarto, indicando los pisos y las habitaciones, pero yo apenas escucho. Mi mente sigue revoloteando en torno a él, a cómo me miró, a cómo su presencia me hace sentir cosquilleos extraños en lugares donde nunca los sentí antes. Es prohibido, lo sé, pero también excitante de una manera que me confunde y me intriga. Cuando llegamos a mi habitación, me indica que me acomode, que deje mis cosas allí y que me cambie. Yo asiento, aunque me siento como si estuviera entrando en territorio enemigo. Pero parte de mí está emocionada; hay un juego silencioso que acaba de comenzar, y siento que estaré jugando sola. —Hay comida en la nevera lista y la despensa. Toma todolo que quieras. Y recuerda —agrega Lawrence sacandome de mis pensamientos pecaminosos—, cualquier cosa que necesites, solo llamame o a los sirvientes antes de que se vayan. No dudes en pedírme lo que necesites. Yno deambules por la mansion. Asiento de nuevo, mientras observo la enorme cama, el escritorio de diseño, los armarios gigantes y todo lo demás que me rodea. Mi habitación es tan perfecta que casi me caigo de bruces. Pero mientras saco un poco de ropa de mi mochila para acomodarla, no puedo dejar de pensar en lo que vi antes, en cómo mi tío se quedó sin palabras, y cómo esa pequeña chispa de travesura en mí logró desarmarlo, aunque sea por un momento. Podré sacarle todo lo que quiera para luego independizarme e irme a vivir sola. Cierro la puerta y me recuesto en la cama, mirando el techo. Pienso en mis revistas, en los chicos que coleccionaba, en los gestos y miradas que me hacían sonrojar. Quiero molestarlo más. Y ahora… ahora todo eso se mezcla con la presencia de mi tio tamaño XXL alla abajo, Oswald. Ya veremos si es un Alfa solo enorme, serio, dominante, o también vulnerable, si sale facil fuera de su zona de confort, y si es sorprendentemente un alfa dominante. Mis dedos juegan con mi cabello mientras suspiro. Todo en esta mansión, todo en mi tío, todo lo que he perdido y todo lo que aún me queda… está conectado ahora. Y aunque sé que no debería, una parte de mí está deseando explorar cada centímetro de este nuevo mundo prohibido que se abre ante mí. Mis pensamientos vuelan entre la travesura, la curiosidad y la anticipación. Y mientras me acomodo en la cama, sabiendo que mañana comenzará una rutina totalmente nueva, sonrío para mí misma: esto… esto va a ser mucho más que interesante que mi vida en america.






