La vida para Oswald se sentía muy dulce y cruel al mismo tiempo, tan cruel como una verdad inevitable. Un rayo cayó directo sobre el rostro de Oswald, obligándolo a despertar.
Abrió los ojos. Todo desorientado.
Y allí estaba ella.
Gwen.
Dormida como un angel caído del cielo.
Despeinada.
Con la boca entreabierta y su cuerpo desnudo sobre su cuerpo, que estaba tan desnudo como ella.
Envuelta apenas por la sábana que él había colocado horas antes.
Pero aun así, ella está llena de marcas.
Demasiada