Mi perdición

—No. —respondió seco— Solo hazlo , Lawrence. Y que nadie, absolutamente nadie, se entere.

—Por supuesto, señor. ¿Paso por usted?

— No. Voy a conducir. Te veo en la empresa.

Oswald colgó y se apretó el puente de la nariz. Tenía el estómago como un nudo. Sentía que darle un apartamento era lo correcto… ¿o era un castigo? ¿Un exilio? ¿Una protección? Ni siquiera él lo sabía.

—Necesito alejarla de mí —murmuró—. No puedo tenerla cerca. No hasta… no hasta entender qué siento. Si fue un impulso, un ar
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