—No. —respondió seco— Solo hazlo , Lawrence. Y que nadie, absolutamente nadie, se entere.
—Por supuesto, señor. ¿Paso por usted?
— No. Voy a conducir. Te veo en la empresa.
Oswald colgó y se apretó el puente de la nariz. Tenía el estómago como un nudo. Sentía que darle un apartamento era lo correcto… ¿o era un castigo? ¿Un exilio? ¿Una protección? Ni siquiera él lo sabía.
—Necesito alejarla de mí —murmuró—. No puedo tenerla cerca. No hasta… no hasta entender qué siento. Si fue un impulso, un arrebato… o… —su corazón latió extraño— o algo más.
Cerró los ojos. La recordó llorando entre risas, temblando entre sus brazos, aferrada a él como si fuera lo único sólido en medio del mundo. Y él… él había sentido cosas que nunca había experimentado con nadie.
—No. No puedo pensar en eso ahora. —se dio una palmada suave en la cara—. Primero, terminar con Yahaira. Y después… Dios… después, lo que venga.
Se vistió para ir a la empresa, intentando parecer un hombre que tenía su vida bajo control. P