Él baja la mirada, pero no aparta la mano. El corazón le late con fuerza en medio del delirio de su aroma y el licor.
Entonces ella, con un impulso casi infantil, apoya la cabeza en su hombro.
—Todo va a estar bien, ¿verdad? —pregunta con sinceridad con voz baja.
—Sí —responde él, casi en un susurro—. Todo va a estar bien.
Permanecieron así un largo rato.
El reloj marca la una de la madrugada. El whisky seguia viéndolos como si estuviera de más en esa escena.
Pero por primera vez en días,