Cuando entraron a su habitación, Gwen estaba más tranquila y tan mareada que apoyó la cabeza en su hombro, respirándole el cuello.
—Hueles rico… —murmura.
—Gwen... —dice él, tenso.
—Más rico que la comida de los invitados —sigue ella—. No te preocupes. Yo siempre estaré contigo. Aunque sea heredera. Todo lo que tenga… será tuyo —susurró, mirando su boca—. Porque no confío en nadie más. En ningún otro lobo.
Oswald sintió algo retorcerse en su interior. La coloca en la cama pero ella prefiere