Mundo de ficçãoIniciar sessãoÉl le ofreció pasión en la sombra. Ella le entregó el corazón… y un hijo que decidió criar sola. Cuatro años después, Catalina vuelve con una fortuna bajo el brazo, comprometida con el hermano del que ahora es su enemigo y un niño con los mismos ojos que el hombre que la traicionó. Gabriel San Román jamás imaginó que aquella joven humilde a la que despreció volvería convertida en la salvación de su empresa. Ahora, ella tiene el poder, el control… y la mirada altiva de quien no piensa olvidar. ¿Estará él preparado para enfrentar su mayor error… y su mayor verdad?
Ler maisCatalinaEl ruido es lo primero que desaparece.No sé en qué momento exacto deja de haber gritos, órdenes, sirenas, pasos apresurados y armas levantadas, pero cuando logro volver a respirar con normalidad, el mundo parece haberse reducido a una sola imagen.Julián está en el suelo.El tiempo se detiene.Está tendido de lado, con la camisa empapada de rojo, los ojos abiertos mirando a ningún lugar en específico. Hay gente alrededor, policías, paramédicos, pero yo apenas los registro. Mi mente retrocede sin permiso a otros recuerdos: su risa falsa, su obsesión, su forma de mirarme como si yo fuera una posesión… y aun así, cuatro años de mi vida.Cuatro años que no puedo borrar como si nunca hubieran existido.Samuel llora contra mi pecho. Lo tengo apretado con tanta fuerza que temo estar haciéndole daño, pero no puedo soltarlo. Mis manos tiemblan. Todo mi cuerpo tiembla.Doy un paso hacia Julián sin darme cuenta.No porque lo ame. No porque lo perdone. Sino porque, en el instante más o
El tiempo se rompe en pedazos.No hay estrategia, no hay órdenes, no hay policías ni protocolos cuando escucho ese sonido seco, brutal, que no debería existir dentro de una casa: un disparo.Todo se vuelve ruido blanco.—¡Muévanse, muévanse! —grita alguien a mi espalda.Pero ya no escucho.Mis piernas se mueven solas.La puerta cede con un golpe y entro.El aire huele a pólvora, a humedad, a miedo viejo. La escena frente a mí es un infierno detenido en el tiempo: Catalina está siendo arrastrada del cabello, sus manos aferradas a Samuel, que grita con un llanto desgarrado; Julián lo sostiene por el brazo, nervioso, fuera de control; y Elena… Elena tiene el arma en la mano y los ojos completamente vacíos.—¡SUELTA A MI MUJER AHORA MISMO! —mi voz sale rota, salvaje.Catalina levanta la mirada y me ve.El mundo se reduce a un solo punto cuando veo el cañón del arma levantarse.Samuel.Todo ocurre en un segundo, pero mi mente lo estira como si el tiempo se negara a avanzar. El grito de Cata
GabrielEl reloj del tablero marca las 01:47.Han pasado casi dos horas desde la llamada.Dos horas eternas.Estoy dentro del auto, sentado en el asiento trasero, con el cuerpo inclinado hacia adelante, los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas con tanta fuerza que siento los nudillos arder. El vehículo avanza por una carretera secundaria, escoltado por otras dos unidades sin distintivos. Las luces están apagadas. Todo es discreto. Todo es tenso.El detective va a mi lado.—Ya sabes lo que tienes que hacer —dice, sin mirarme.Gruño, pasándome una mano por el rostro.—Joder, ya lo sé. Ya lo sé —respondo, con la voz rota—. Pero no es nada fácil.Me mira entonces. Sus ojos son firmes, cansados.—Nunca lo es —contesta—. Pero tienes que hacerlo si quieres recuperar a tu familia.Aprieto los dientes.Todo esto es una actuación. Una mentira necesaria. Un maldito juego psicológico.La llamada anterior nos dio lo que necesitábamos. El rastreo fue limpio. La ubicación coincid
CatalinaEl silencio pesa más que el miedo.Es un silencio espeso, incómodo, como si las paredes respiraran con nosotras. Samuel está sentado a mi lado, con las rodillas recogidas contra el pecho y los ojitos enrojecidos de tanto llorar. Lo tengo abrazado, balanceándolo despacio, como hacía cuando era un bebé y el mundo todavía no se había vuelto este lugar oscuro y cruel.—Shhh… —le susurro—. Tranquilo, mi amor. Respira conmigo.Lo hace, aunque a trompicones. Su pequeño cuerpo tiembla cada vez que un ruido llega desde afuera. Cada crujido de la madera, cada paso, cada puerta que se abre o se cierra.Nadie nos va a encontrar aquí, vuelve a repetirse en mi cabeza, y tengo que morderme el labio para no gritar.La puerta se abre de golpe.Levanto la mirada de inmediato, protegiendo a Samuel con todo mi cuerpo.Es ella.Elena entra como si fuera dueña del mundo, con el rostro desencajado, los ojos brillantes de una furia que ya no intenta ocultar. Camina de un lado a otro de la habitación
Último capítulo