84. Dos horas
Gabriel
El papel sigue ahí, sobre la mesa de la cocina, como si se burlara de mí.
Empieza el juego.
Dos palabras escritas con una letra que reconozco demasiado bien. Dos palabras que me parten el pecho en dos. Siento que el aire no me alcanza, que cada respiración raspa, quema, duele.
Catalina no está.
Samuel no está.
Y yo… yo no estaba.
Me paso las manos por el rostro con violencia, caminando de un lado a otro del apartamento como un animal enjaulado. El lugar está lleno de gente, pero me sien