Mundo ficciónIniciar sesiónEl día de su boda, Emily Carter, una mujer despreciada y agredida por su sobrepeso, lo perdió todo; su dignidad, su fe en el amor… y su vida. Una traición brutal la hizo huir en medio de una tormenta, y todos creyeron que había muerto. Seis años después, renace como Elena Davis, una mujer completamente distinta, delgada, brillante y con el poder suficiente para destruir al hombre que la hizo pedazos. Byron Wallace, su ex prometido, no sospecha que la nueva socia que acaba de salvar su empresa… es la misma mujer a la que creyó muerta. Pero cuando su venganza la enfrenta a Byron Wallace, descubre que el odio no apaga las llamas del amor… Solo las hace arder más fuerte. Porque a veces, el amor que creías muerto… solo estaba esperando la oportunidad de vengarse.
Leer másLa sede de Wallace Holdings amaneció blindada. La filtración de la alianza con NovaMind había desatado un tsunami mediático, pero dentro del edificio el aire era aún más denso: un silencio de cripta, roto solo por el murmullo de empleados que evitaban mirarse a los ojos. No era solo una crisis empresarial. Era una guerra de poder.Elena cruzó la recepción con un paso que resonó en el mármol. Julián caminaba a su lado, con la sonrisa lánguida y la mirada despierta de quien sabe que tiene el as bajo la manga.— Recuerda — susurró Julián antes de entrar al ascensor — somos la pareja perfecta con el secreto más sucio de la ciudad. Deja que sus celos trabajen para nosotros.Cuando las puertas se abrieron en la planta ejecutiva, Byron ya los esperaba. Erguido. Inmóvil. A su lado, Sabrina y Renata formaban una barrera perfectamente calculada: pasado, presente y futuro de los Wallace alineados.— Buenos días, Elena — saludó Byron. Su voz pretendía ser profesional, pero se quebró apenas al cla
La luz de la mañana se filtraba por los ventanales del ático, tiñendo de dorado la encimera de granito de la cocina. Elena no había dormido más de tres horas. Cada vez que cerraba los ojos, sentía la presión de las manos de Byron en su cintura y escuchaba su voz ronca acusando a Julián.El timbre sonó a las siete en punto. No era una intrusión como la de la noche anterior, era un invitado esperado.Elena abrió la puerta y se encontró con Julián, que sostenía una caja de cruasanes recién hechos en una mano y dos cafés humeantes en la otra. Su expresión era de alerta, producto del mensaje de "URGENTE" que Elena le había enviado a medianoche.— ¿Estás bien? — fue lo primero que preguntó él, entrando y dejando las cosas sobre la mesa.— Byron estuvo aquí anoche — soltó ella de golpe, cerrando la puerta.Julián se tensó, dejando las tazas con un golpe seco. Pero antes de que pudiera protestar, un pequeño torbellino de pijama azul apareció corriendo por el pasillo.— ¡Tío Julián! — gritó Li
El ascensor privado se abrió directamente en el ático. Elena cruzó el umbral y, en cuanto la puerta de seguridad se cerró a su espalda, el mundo exterior, los Wallace, la traición y el deseo, quedó bloqueado. Todo quedó fuera.Este era su santuario. Un espacio sobrio y cálido, pensado para ser lo opuesto a la opulencia asfixiante de la mansión donde casi la destruyeron. Dejó caer el maletín de cuero sobre la consola como si de pronto pesara demasiado. Sus dedos, firmes durante horas frente a tiburones corporativos, temblaron al desabrochar los botones de la chaqueta gris. Se quitó los tacones y soltó un suspiro bajo cuando la planta de los pies tocó la madera fría.La armadura de Elena Davis empezaba a agrietarse.— ¿Mami? — dijo una vocecita desde el pasillo — ¿Ha venido el señor que salvé?Elena se giró y la tensión abandonó su cuerpo de golpe. La máscara de hielo se derritió sin resistencia frente a su hijo.— No, cielo. Soy yo.Liam apareció con su pijama de rayas y el pelo revuel
El eco de los tacones de Elena sobre el mármol del vestíbulo era el único sonido que competía con el martilleo en el pecho de Byron. No podía dejarla ir. No cuando sentía que, por primera vez en años, el aire volvía a tener peso.— Cena conmigo esta noche —soltó Byron al interceptarla cerca de los ascensores, aprovechando el breve instante en que los abogados se habían quedado atrás.Elena se detuvo en seco. La invitación no sonó a ruego, sino a una necesidad mal disimulada que la hizo estremecerse. Antes de que pudiera responder, una sombra se interpuso entre ambos. Julián apareció ajustándose el reloj con una calma que rozaba el insulto.— Nos vamos — sentenció Julián, colocándose frente a ella mientras fulminaba a Byron con la miradab— Mi clienta ha tenido suficiente "gestión de crisis" por hoy, Wallace.— Es solo una cena de negocios — respondió Byron, apretando la mandíbula sin apartar los ojos de Elena — Si prefieres llamarlo así.— Mañana será el momento de los negocios — cortó
La puerta del despacho privado de Renata se cerró con un estruendo sordo, ahogando los murmullos del pasillo. — ¿El veinte por ciento, Byron? — Renata se giró molesta — ¿Tienes idea de lo que acabas de hacer? Le has entregado el timón de nuestro legado a una mujer que apareció ayer ¡Una quinta parte de nuestra sangre!Byron se mantuvo de pie en el centro de la estancia, con las manos hundidas en los bolsillos. Su postura era rígida, pero sus ojos ya no reflejaban el miedo filial de antaño, reflejaban confianza en su mismo y convicción en lo que había decidido.— Si te soy sincero — respondió Byron con una calma que enfureció aún más a su madre — todavía me parece poco. Es NovaMind o la ruina total, mamá. ¿Prefieres ser la dueña del cien por cien de un cadáver o compartir el éxito de un imperio?Renata soltó una carcajada amarga, acercándose a él hasta que pudo oler el perfume de Elena que aún se aferraba a la chaqueta de su hijo.— No puedo creerlo... ¿Qué ha pasado con mi hijo? — I
Byron estaba a punto de responder algo que habría dinamitado el acuerdo cuando la puerta se abrió de nuevo. — No, no — dijo una voz gélida — Por favor, no se detengan por mí. Renata Wallace entró en la sala. Su presencia hizo que la temperatura descendiera varios grados. No habló de inmediato; observó el panorama con la precisión de un halcón. Su hijo, alterado. Elena, impecable. Y Julián Carter, el hombre que conocía todos sus pecados, ocupando espacio en su territorio. — Vaya… — murmuró Renata al fin — Esto sí que es una sorpresa… desagradable. Julián ladeó la cabeza con falsa cortesía. — Señora Wallace. Sigue igual de… radiante. El tiempo parece haberse detenido para usted. Igual que su corazón. — Julián — pronunció ella, sin ocultar el desprecio — No sabía que ahora te dedicabas a asesorar a… — miró a Elena como si evaluara una mancha en su mármol — nuestros nuevos intereses. Elena dio un paso adelante, quedando frente a Renata, a su misma altura. — Trabajo con quien sabe





Último capítulo