Mundo de ficçãoIniciar sessãoEmily Carter fue humillada por su peso, traicionada y dejada por muerta el día de su boda. Siete años después, renace como Elena Davis: inteligente, poderosa, y con un hijo que Byron Wallace no sabe que existe. Cuando Elena se convierte en la nueva socia de Wallace Holdings, Byron no reconoce a la mujer que lo obsesiona. No sabe que ella es Emily. No sabe que ella está aquí para destruirlo. Pero hay un problema: Byron la ama. Y Elena… Elena lo ama también. ¿Es posible amar a alguien a quien odias? ¿Es posible perdonar una traición que casi te mata? En VENGANZA, el amor y la venganza no son opuestos. Son la misma cosa.
Ler maisEl abogado defensor se puso en pie con esa parsimonia estudiada, como si tuviera todo el tiempo del mundo. No tenía prisa. Sabía que el silencio cargado de la sala era su mejor arma. Se ajustó los puños de la camisa, recorrió las mesas con una mirada que pretendía ser compasiva y se detuvo frente al juez.— Su señoría — el abogado ajustó los puños de la camisa otra vez — Mis clientes no son los victimarios en este teatro. Son las víctimas de un cálculo gélido. Tanto la señora Wallace como el hijo que hoy ve su mundo desmoronarse, Byron, han sido el blanco de un engaño que roza lo patológico.Hizo una pausa dramática. Se giró lentamente hacia Emily y la señaló con un dedo firme, sin temblar.— Esta mujer — sentenció, y el desprecio goteaba de cada palabra — fingió su propia muerte. Se evaporó. Dejó que una familia llorara sobre una tumba vacía mientras ella, en la sombra, daba a luz a un niño. Un niño que, según la documentación que mi clienta ha custodiado con dolor… es hijo de Byron
Renata Wallace ocupaba su sitio en la mesa de los acusados con la mirada perdida en un punto fijo de la pared. A su espalda, Byron se mantenía rígido como una estatua. Tenía las manos entrelazadas sobre el regazo con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos. Había pasado la noche en vela, dando vueltas a cada conversación, cada caricia, cada promesa susurrada. Intentaba convencerse de que todo era una pesadilla que se desharía al amanecer. Pero las pruebas que Julián había filtrado eran demasiado reales. Manchas de tinta que no se borraban nunca.Su propia madre. Su sangre intentando borrar del mapa a la mujer que él amaba. Todo lo llevaba de vuelta a Emily, a cuando la perdió, a lo que casi le pasa a Elena también. El pecho le dolía como si alguien le estuviera clavando un cuchillo despacio.— Señor Wallace — anunció el juez, y su voz retumbó en el silencio sepulcral de la sala — se abre la sesión.El murmullo de la gente se cortó de golpe. El aire se quedó quieto. E
— ¿Dónde está mi hijo? — la pregunta salió de la garganta de Elena como un trozo de vidrio roto, áspera, cargada de un pánico que le raspaba por dentro.— Rosa lo recogió del colegio hace una hora — Julián cerró la puerta a sus espaldas, un golpe seco que dejó el mundo entero fuera — Se lo llevó al nuevo apartamento que conseguí en Brooklyn. Nadie los puede localizar allí, Elena. El niño está seguro.Elena soltó el aire en un suspiro largo que le quemó los pulmones. Liam estaba a salvo. Por un segundo el peso que llevaba encima pareció aflojarse un poco, solo un poco, pero enseguida llegó otra vez esa fatiga vieja, de mil años, que le hundía los hombros. Se dejó caer en el sofá, el cuerpo convertido en plomo. Las lentillas verdes le ardían como si tuviera brasas debajo de los párpados. Quiso arrancárselas ahí mismo, hundir los dedos en los ojos y gritar hasta que las paredes temblaran, pero solo apretó los puños sobre el regazo hasta que se le clavaron las uñas.— Julián… — susurró, s
El silencio entre Byron y Elena se hizo tan pesado que casi se podía masticar. No era miedo puro, aunque a él se le revolvía el estómago como si hubiera bebido leche en mal estado. Era más bien ese vértigo de cuando el suelo se abre y no hay nada abajo. Byron la miraba fijo, sin parpadear. La mujer que hacía nada había estado entre sus brazos ahora parecía una completa desconocida, una intrusa que se había metido en su vida sin avisar.Elena tragó saliva. Le raspó la garganta. No podía permitir que Byron empezara a unir los puntos. Si su cabeza encontraba el hilo, todo se iba a la mierda. Sabrina había visto demasiado. Y ahora… ahora solo era un cadáver frío en el fondo del acantilado.— No — Byron levantó la mano, cortando el aire — No digas nada si no vas a decir la verdad.— Byron… yo… — Elena extendió la mano, temblando, y tragó saliva otra vez.Él se dio la vuelta de golpe y salió. Sus pasos retumbaron fuerte por el pasillo, luego el portazo seco. Y después… silencio. Solo el pum
Último capítulo