Mundo ficciónIniciar sesiónEmily Carter fue humillada por su peso, traicionada y dejada por muerta el día de su boda. Siete años después, renace como Elena Davis: inteligente, poderosa, y con un hijo que Byron Wallace no sabe que existe. Cuando Elena se convierte en la nueva socia de Wallace Holdings, Byron no reconoce a la mujer que lo obsesiona. No sabe que ella es Emily. No sabe que ella está aquí para destruirlo. Pero hay un problema: Byron la ama. Y Elena… Elena lo ama también. ¿Es posible amar a alguien a quien odias? ¿Es posible perdonar una traición que casi te mata? En VENGANZA, el amor y la venganza no son opuestos. Son la misma cosa.
Leer más— ¿Elena? — la voz de Byron al otro lado de la puerta la hizo dar un salto — ¿Estás bien? Llevas un siglo ahí metida. — Sí... — consiguió responder ella, tragando saliva — Solo me estoy lavando la cara. Salgo en un momento.Elena se obligó a respirar. Con las manos todavía hechas un flan, volvió a ponerse las lentillas. Fue como encajar una máscara, como si al hacerlo enterrara a la verdadera Emily bajo una capa de plástico.Al salir, Byron estaba de espaldas, terminando de subirse los pantalones. La luz de la lámpara le daba de lleno en el torso y Elena no pudo evitar fijarse en los surcos rojos que sus propias uñas le habían dejado en la piel hace apenas unos minutos. Era una imagen casi dolorosa.Se instaló un silencio raro entre los dos, de esos que pesan, hasta que un golpe seco los dejó helados.Fue un estruendo violento, como si una puerta hubiera chocado contra la pared con toda la mala leche del mundo. Elena sintió la vibración subiéndole por los pies. Byron se giró de
Elena se quedó de pie unos segundos. Quietísima. Sabía perfectamente lo que iba a hacer… y aun así le temblaban un poco las piernas.Byron se acercó despacio. Con cuidado. Como si entre los dos hubiera algo frágil que pudiera romperse con un simple gesto.— Si quieres irte, dime ahora — murmuró.No sonó exigente. No fue una orden. Fue casi… una rendición. Pero la tensión estaba ahí, vibrando en el aire.Elena negó con la cabeza.— No quiero irme.Lo que quería era dejar de pensar. De analizar. De recordar.Él volvió a besarla. Esta vez más lento al principio… como si saboreara el momento. Como si no terminara de creerse que ella estaba ahí, con él. Que después de Emily, después de tanto vacío, volvía a sentir algo así.Sus manos recorrieron el cuerpo de la pelirroja con una mezcla de duda y necesidad. Al principio casi tímido. Como si pidiera permiso sin palabras. Pero esa contención le duró poco.Ella empezó a desabrocharle la camisa con dedos torpes. Él tiró del vestido hasta dejarl
Los días que siguieron al ataque no trajeron paz. Trajeron silencio.Pero no era un silencio tranquilo, ¡qué va! Era uno de esos silencios elegantes, incómodos, pensados para que nadie hiciera preguntas. Elena y Liam se movían por la mansión Wallace como invitados eternos en una casa que no sentían suya. Todo brillaba demasiado, estaba impecable… y, sin embargo, cada lujo le parecía otra forma distinta de estar encerrada.Renata no gritaba. No soltaba indirectas pesadas ni los echaba a la calle. No hacía falta.Le bastaba con el sonido seco de sus cubiertos golpeando la porcelana durante la cena. O esa mirada fija, demasiado larga, cuando Liam hablaba con ilusión. A veces soltaba un comentario suave sobre lo importante que es la discreción en “familias como la nuestra”.Nada concreto. Pero asfixiaba igual.Elena no pegaba ojo. Se despertaba con cualquier crujido de la madera vieja, con el viento golpeando los cristales o con el eco de pasos lejanos en el pasillo. Había noches en que s
Eran las tres de la tarde. Elena cerró los ojos bajo el chorro caliente, intentando borrar la conversación del jardín.Liam estaba en el parque con Rosa. Eso era lo único que le permitía respirar.Hasta que algo se rompió en el salón.Elena cerró el grifo de golpe. El silencio regresó, pero esta vez pesaba. No era el viento.Salió de la ducha empapada, envolviéndose en la toalla con manos torpes y resbaladizas.— ¿Hola? — llamó con voz temblorosa — ¿Hay alguien?Nadie respondió. Solo el sonido inconfundible de un mueble siendo arrastrado.Elena echó el pestillo del baño. Retrocedió hasta la pared, buscando algo, cualquier cosa. Un frasco de colonia. Unas tijeras de uñas. Ridículo.El primer golpe hizo vibrar la puerta.El segundo abrió una grieta en la madera.Al tercero, la cerradura saltó por los aires.Dos hombres entraron. Llevaban ropa oscura y esa calma aterradora de quien hace esto por trabajo.Elena gritó.Uno se le echó encima antes de que pudiera reaccionar. La mano, grand
Último capítulo