10. Sigue siendo su padre
Catalina
Esto no puede estar pasando.
Siento cómo todo mi cuerpo se tensa y el aire parece que se queda atascado en mi garganta mientras que mi mirada se encuentra con los ojos azules, fríos de Gabriel y todas mis alarmas empiezan a sonar al mismo tiempo.
No, no, no.
A mi lado escucho la vocecita emocionada de Samuel cuándo vuelve a decir:
—¡Él dijo que me ayudaría y lo hizo, nani! ¡Es un plincipe!
Me obligo a esbozar una sonrisa y trato que el hombre enfrente mio no se de cuenta de lo nerviosa