87. No lo arruines
El tiempo se rompe en pedazos.
No hay estrategia, no hay órdenes, no hay policías ni protocolos cuando escucho ese sonido seco, brutal, que no debería existir dentro de una casa: un disparo.
Todo se vuelve ruido blanco.
—¡Muévanse, muévanse! —grita alguien a mi espalda.
Pero ya no escucho.
Mis piernas se mueven solas.
La puerta cede con un golpe y entro.
El aire huele a pólvora, a humedad, a miedo viejo. La escena frente a mí es un infierno detenido en el tiempo: Catalina está siendo arrastrada