Mundo de ficçãoIniciar sessãoCuando Isabella abrió los ojos descubre que ha vuelto cinco años al pasado, con su memoria intacta de una vida destruida por Benjamín Arriaga y por un supuesto accidente que le arrebato la vida a ella y a su pequeño hijo. El creador le dio una nueva oportunidad y esta vez no pensaba repetir la historia. Con la oportunidad de reescribir su vida, decide romper con el pasado y enfrentarlo con inteligencia, nuevos aliados y un amor que nace de la confianza Su talento la lleva a un ambicioso proyecto. Cuando Isabella descubre pruebas de corrupción en “Altos del Sur”, filtra la información a un periodista y desata una guerra pública que pone patas arriba a los Arriaga. “El día que volví” combina segundas oportunidades, romance protector, intriga corporativa y una heroína que convierte el dolor en poder
Ler maisEl anillo me quedó perfecto en un dedo al que le faltaban historias alegres. Román me besó la mano, su dicha era real.Dos días después me trasladaron a una habitación privada. Monitoreo continuo, pero sin máquinas dominando el aire. El personal del hospital nos conocía ya: la de la UCI que iba a ser mamá, el amante que no se movía de la puerta. Permitieron que Román pasara las noches en un sofá reclinable en lugar de las bancas frías del pasillo.Las flores comenzaron a llegar en oleadas. Ramos con tarjetas de compañeros y conocidos. La habitación parecía una plaza en primavera. Las dos Evas se turnaban para hacerme compañía mientras obligaban a Román a descansar.***La recuperación fue más rápida de lo que esperaban. Tenía terapia kinesiológica mañana y tarde: caminar, respirar profundo, recuperar la fuerza. El cuerpo obedecía con terca dignidad. Cada día avanzando en la recuperación total.Mientras yo ganaba pasos, las Evas maquinaban a mis espaldas: visitaron salones, vieron flore
En el pasillo, Román la esperaba. Antes de que pudiera decir algo, se acercó una mujer de alrededor de cincuenta años, elegante, ojerosa.—Román, te buscaba —dijo—. Perdón, no quise interrumpir.—Eva —presentó él—. Mi prima. Y Eva —sonrió—. La mejor amiga de Isabella.Las dos se miraron con una mezcla curiosidad “qué enredo de nombres”. No hubo incomodidad; sólo el reconocimiento rápido.—Mucho gusto —dijo la prima—. Ojalá nos conociéramos en otra circunstancia.—Igualmente —respondió la amiga—. ¿Cómo está todo?La Eva mayor — relató lo esencial con sobriedad: el acoso, el atentado, la detención de Camila, la cadena de cómplices, el papel de fiscalía. Habló del jefe de seguridad, de Mauricio, de los obreros que seguían yendo al hospital. La amiga Eva la escuchó, asintiendo, apretando el bolso contra el pecho como si se abrazara a sí misma.***A la mañana siguiente, Román entró a su turno de visita como siempre, durante la noche Eva se quedó haciendo guardia fuera de la UCI mientras R
Entró a la UCI detrás del equipo. El cuarto lleno de sonidos sostenida por máquinas. Isabella descansaba pálida, vendajes asomando bajo la sábana, respiración asistida que marcaba un ritmo taxativo. Román le tomó la mano con mucho cuidado, como si la piel pudiera quebrarse.—Nena… —susurró—. Estoy aquí.Llegó un técnico con la máquina, tras él una radióloga de voz serena y manos suaves.—Le vamos a hacer una ecografía obstétrica —explicó—. Es rápida. Si en algún momento prefiere salir, me avisa.Román negó. No iba a salir de esa habitación, aunque el edificio colapsara.La radióloga aplicó gel frío sobre el vientre de Isabella y apoyó el transductor. No logro ver nada, Román se alarmo - ¿Esta todo bien? pregunto preocupado.-Todo bien, el bebé aun es muy pequeño por lo que realizare una ecografía TV, de esta forma puedo evaluarlo.La pantalla, al principio, fue una tormenta de grises. Después, el orden: un óvalo oscuro, una forma blanquecina, un parpadeo minúsculo dentro de la sombra.
En el quirófano, alguien anuncia una cifra de presión arterial que suena mejor que la anterior. Otra voz dice “estabilizada”. El tiempo vuelve a ser una cuerda más gruesa. La luz no cambia, pero cambia su temperatura.—Cerramos por etapas —dice el cirujano principal—. Las próximas cuarenta y ocho horas son críticas.***El reloj del pasillo marca una hora que nadie recuerda haber vivido. La puerta batiente se abre. Un médico alto, de ojos cansados y manos impolutas, se quita el barbijo mientras camina. Todos se ponen de pie a la vez, como si los hubiera llamado una campana invisible.—Familia de la paciente Isabella Araya —dice, y su voz se esparce por el hall como agua.Román da un paso. Claudia otro. Eva, dos.—Superó la primera intervención —continúa el médico—. Controlamos la hemorragia y estabilizamos los signos. Está con ventilación asistida y sedación. El pronóstico es reservado. Las próximas cuarenta y ocho horas son las más importantes. Vamos a pasarla a UCI.El silencio que
Último capítulo