Capitulo 26
Román no levantó la cabeza. Se quedó callado. El jefe de seguridad —Mauricio Ortega, cincuenta y dos años, expolicía, dos hijas grandes— permaneció unos minutos, con la gorra entre las manos, y luego salió despacio, dejando el aire menos denso.
El teléfono de Isabella vibró en su bolsillo. Lo sacó sin pensar. En la pantalla, un nombre que a Isabella siempre le había hecho sonreír: Eva, la Eva de toda la vida, su amiga. El horario coincidía con su cita ritual de media hora. Román sos