Tres días después, Camila reapareció en escena.
Eva me llamó desde el estacionamiento subterráneo.
—No entres a la oficina todavía —susurró—. Camila está aquí. Con Benjamín.
Corrí hasta la ventana del segundo piso. Allí estaban, hablando con dos hombres de traje oscuro, cerca del acceso lateral. Camila reía. Benjamín gesticulaba. Un tercer hombre recibía un sobre.
Román entró en la oficina en ese momento. Al ver mi expresión, se acercó rápido.
—¿Qué ocurre?
—Míralos.
Él se asomó, frunciendo el