Mundo de ficçãoIniciar sessãoAlicha Nazer, princesa y Sultana, criada en América, una joven mimada que siempre consigue lo que quiere, se a obsesionado con el hijo de uno de los socios de su padre, Armando Málaga. Dispuesta a todo, ella mueve sus hilos para tenerlo, convenciendo a su padre, logra casarse con el hombre que a amado toda su vida, sin embargo, nada es lo que parece, pues su amado tiene un viejo amor en su corazón, que se vio afectado por las acciones de Alicha lo que causa que su hombre la desprecie. Sin embargo, el destino tiene sus propios planes para ellos. Secretos, y mentiras se revelarán con él tiempo, logrando poner todo en su lugar. “Me sentía la mujer más feliz de este mundo, sentía que lo tenía todo, pero ella volvió y me hizo entender, que si tengo que forzarlo, por más que lo intente es porque no es para mí, así que lo deje ir, sin embargo, ahora es él quien no quiere dejarme escapar”.
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Esta historia explora diversas diferencias culturales. Se solicita la máxima colaboración y respeto ante las raíces de cada cultura. Si el contenido no es de tu agrado, te pido que dejes de leerla. Esta es una obra de total ficción, escrita sin ánimo de ofender a nadie y con profundo respeto y honra para quienes pertenecen a esta cultura. Muchas gracias. Prólogo Mis manos tiemblan incesantemente. Se casa; mi sultán se casa con su kuma. La hará su segunda esposa. Para herirme es capaz de todo: reconocerá públicamente a su bebé y yo… yo quedaré en el olvido. No puedo soportarlo; haga lo que haga, nunca me ganaré su corazón. El suelo bajo mis pies parece tambalearse. Los murmullos alegres de los invitados en el gran salón, celebrando el compromiso de mi sultán y su «gran amor», son como dagas en mi corazón. Todos los apoyan, llenándolos de felicitaciones, mientras yo me sofoco. Todo me da vueltas: las risas, los brindis, el lugar… todo retumba en mi cabeza. —¿Alicha? ¿Alicha, estás bien? La voz de mi prima Alara llama mi atención. En ese momento me detengo frente a la feliz pareja, que interrumpe su plática para mirarme. Todos me miran. —Alicha, no vayas a hacer un escándalo —exclama Armando con evidente molestia. Lo miro con frialdad, inquebrantable, aunque por dentro me esté muriendo. Lo observo fijamente a los ojos, con la respiración agitada y el corazón latiendo como un tambor. —Mi querido sultán: me divorcio, me divorcio, me divorcio. Los murmullos resuenan en el salón; incluso la música se detiene de golpe. —No puede ser… acaba de declarar la ley del talaq thalatha. Armando me mira incrédulo, con esos ojos azules que son mi perdición abiertos de par en par. De repente, suelta a su amada —quien intenta detenerlo sin éxito— y se acerca a mí. —Alicha, ¿qué es lo que estás diciendo? —Querías a tu amada, tienes mi bendición. Vas a tener un heredero y yo no puedo darte ninguno. Tienes una familia con ella, la amas… entonces yo sobro en este matrimonio. Vamos a divorciarnos, Armando Málaga. Te dejo en libertad. Retrocedo sin más, intentando alejarme de él, pero me detiene con firmeza. —No acepto el divorcio. Capítulo 1. El Acuerdo. POV Alicha. —Te lo ruego, padre, concédeme esta petición… —Me arrodillo frente a él—. Te lo ruego, papá. Me enamoré de él hace mucho tiempo y me duele verlo perderlo todo. Te lo pido, permite este matrimonio; quiero que nuestra unión traiga abundancia a nuestro hogar. Sabes que él es bueno. Ayúdalos, dame tu bendición. Me quedaré arrodillada aquí, en el templo, hasta que me lo concedas. Lo quiero como mi esposo, padre. —Alicha, él no es un juguete, ni un auto, ni una casa. Además, su familia está pasando por una crisis financiera muy fuerte; tendría que hacer una inversión muy grande y ellos no tendrían nada para darte como dote. —¿Y de qué serviría el dinero? Padre, no me importa la riqueza. Quiero darle la mitad de la herencia que me dejó mi abuelo; quiero apoyarlos. Por favor, solo pido ser su esposa. Si voy a casarme, quiero que sea con él. —Alicha, no seas terca, hija. Están casi en la ruina. Fueron buenos tiempos cuando fuimos socios, pero ahora no podrán levantar la cabeza. No quiero un hombre así para ti; mereces más. Mereces a alguien como George; él sí te admira y te quiere como esposa. —No, no me gusta él. Me enamoré de Armando cuando era tan solo una niña. He soñado con el día en que se cumpliera la alianza que una vez le prometiste a su padre; dijiste que quizás nosotros, en un futuro, pudiéramos unir fuerzas. —Eso fue cuando tenían dinero, estatus y poder. Ahora están en un rango inferior al nuestro. —No, no es así. Para mí, él es mi sultán. Sabes que tiene raíces de príncipe; yo quiero ser su princesa. Siempre esperé su regreso, y ahora que ha vuelto para pedir tu apoyo, es mi oportunidad. —Alicha, hija mía… —Me acaricia la mejilla mientras las lágrimas recorren mi rostro—. Él ni siquiera se acordaba de ti. No te ama. —Dijiste que entre mamá y tú todo comenzó con una alianza. Tú musulmán, ella mitad musulmana y mitad latina… un matrimonio difícil, según dijiste, pero todo funcionó. Quizás, si volvemos a conectarnos, él y yo logremos ese amor tan bonito como el tuyo y el de mamá. Tengo veinte años, padre; tengo edad para casarme y quiero hacerlo con el hombre que amo. Dime qué debo hacer para que me des tu bendición. Me quedaré aquí tres días y tres noches, de rodillas ante Allah, hasta que aceptes. Me mira con una expresión indescifrable y los ojos llenos de tristeza. Él piensa que es un capricho, pero yo anhelo ser la esposa de Armando desde hace mucho tiempo. Quiero que sea mi sultán. —Arriba, levántate. Vamos, niña… está bien, está bien. —¡Oh, gracias, gracias, padre! —Lo beso y lo abrazo. —Espera, aún no confirmo nada ni te prometo nada. —Gracias, papá. Allah escuchó mis oraciones. Él será mi sultán y yo su sultana. ¡Ah! Tendremos muchos hijos y haré que se enamore de mí, tal como mamá hizo que tú la amaras. Seremos felices. Me alejo bailando de felicidad. Mi padre me observa desconcertado; jamás se habría imaginado que yo amaría a alguien de esa forma. Sé que conseguirá que me acepte. Esta unión será dichosa. —¡Mamá, mamá! —Corro hacia ella, tan feliz que no puedo ocultarlo. —¡Por Allah, Alicha! —Me recibe mientras yo la beso emocionada. —Mamá, ha llegado mi momento. Es mi oportunidad. Papá me ayudará a unirme a Armando. Por fin podré estar con él; lo he esperado tanto tiempo… Sabía que volvería después de graduarse. Ahora podremos estar juntos. —Alicha, cariño, calma. No te apresures. Espera a que tu padre organice todo; debes mantener la cordura. Si te rechazan, podrías sufrir mucho. —Sé que no me va a rechazar, mamá. Lo vi en su mirada, en su sorpresa al volver a verme. Sé que me aceptará. Si no se ha comprometido en todo este tiempo, es una señal. El destino nos cumplirá, ya verás. nota de autor: Holaaa mis lectoras, ya estoy de vuelta con ustedes. vamos a iniciar esta nueva aventura, ¿que les parece hasta ahora? déjenme saberlo en los comentarios. 😉 ahora si, iniciemos.Capítulo 6. Prueba de lealtad. POV Alicha. Deteniendo los festejos y los banquetes, llega el momento más solemne y temido: la intimidad. La prueba de pureza que dictan nuestras tradiciones más arraigadas.Caminamos por el pasillo hacia la suite nupcial, escoltados por los testigos y nuestros padres. El silencio es denso, cargado de la importancia del acto que está por venir. Al llegar frente a la gran puerta de madera tallada, nos detenemos. Mi padre y mi madre me dan su bendición definitiva con los ojos húmedos; el padre de Armando hace lo mismo con él, con una mirada cargada de alivio y gratitud.La puerta se cierra detrás de nosotros, dejando fuera el ruido del mundo.El silencio en la habitación es absoluto. Armando camina hacia la cama y se sienta en la orilla, dándome la espalda por un momento. Yo me quedo de pie cerca de la entrada, con el corazón martilleando contra mis costillas. Mi vestido de novia, pesado por las joyas y el bordado, parece quitarme el aliento. Lo sigo co
Capítulo 5. El Sueño. POV Alicha NazerEl aire de Dubái es distinto; huele a incienso, a especias y a la culminación de todos mis anhelos. Mientras el mundo entero habla de la “boda del año”, yo solo puedo pensar en la gratitud que le debo a Allah. Mi familia se ha trasladado a esta tierra de oro y arena para celebrar nuestra unión, y mi primera parada no ha sido a las tiendas de lujo, sino a la mezquita.Me arrodillo sobre la alfombra, sintiendo la frescura del mármol bajo mis pies. Con la frente en el suelo, oro con lágrimas en los ojos. Gracias, Padre, por inclinar el corazón de Armando hacia el mío. Bendice nuestro hogar, dale salud a su madre y permíteme ser la luz de sus ojos, así como él es el sol de mi existencia.Inclinó mi cabeza y continúo agradeciendo a Allah. Un encuentro de seda y espinas. Al enterarme de que la familia Málaga ya está instalada en Dubái, preparo una comitiva de regalos. No voy con las manos vacías; llevo sedas, dátiles de la mejor calidad y ungüentos
Capítulo 4. La Jaula de Oro. POV Armando Málaga. Me siento en el salón de la mansión Nazer, manteniendo la espalda recta mientras los sirvientes nos sirven té en silencio. La fragancia del jazmín inunda el aire, pero para mí huele a encierro. Observo al hombre frente a mí; su mirada es un recordatorio constante de mi derrota.—Si has venido aquí a estas horas, es porque has tomado una decisión, ¿no es así? —pregunta Nazer, dejando su taza sobre la mesa con una calma exasperante.—Así es. Estoy aquí para aceptar su propuesta —respondo, manteniendo la voz firme—, pero tengo tres condiciones.—¿Condiciones? —Nazer arquea una ceja, soltando una risa seca—. ¿Crees que tienes el poder para poner condiciones?—Tiene que escuchar mis condiciones si desea seguir con esto —le digo, inclinándome ligeramente hacia adelante—. Me temo que su hija se sentiría muy mal si usted no logra conseguir lo que ella quiere, dudo que usted quiera que ella sufra, que sea infeliz. Lo amenazo directamente. Pu
Capítulo 3. El Pacto. POV Armando MálagaLa tensión en el salón de nuestra mansión es tan espesa que casi se puede tocar. El aire se siente viciado, cargado de una urgencia que me oprime el pecho. Frente a mi padre y a mí, el señor Nazer se sienta con la parsimonia de quien sabe que tiene todas las cartas ganadoras en su mano. Su sola presencia emana un poder que nosotros hemos perdido.—Verás, Armando —comienza Nazer, rompiendo el silencio con una voz gélida y profesional—, estoy aquí para hablar de negocios. Después de todo, han ido a solicitar mi ayuda y yo estoy dispuesto a cooperar con ustedes.Él es claro. No pierde el tiempo con rodeos diplomáticos. Expone sus condiciones sobre la mesa como si fueran piezas de un ajedrez donde yo soy el rey acorralado: quiere una alianza matrimonial con su hija para resguardar sus intereses y su inversión.—¿A eso ha venido usted a mi casa? —espeto, sintiendo cómo la sangre me hierve—. ¿A imponer?—No estoy imponiendo nada —responde él, sin s
Capítulo 2. Prueba del dolor. POV Armando Málaga Mi nombre es Armando Málaga. Tengo veintisiete años y, hasta hace muy poco, el mundo parecía estar a mis pies. Físicamente, soy un hombre que impone; o al menos eso dice mi reflejo cada mañana. Soy alto, de hombros anchos y complexión atlética, resultado de años de una disciplina casi militar. Mi piel es pálida, herencia de mis raíces mediterráneas, y mis ojos… bueno, dicen que mis ojos azules son como el mar en calma justo antes de que estalle una tormenta. Llevo el cabello castaño claro, siempre cortado con precisión, y una barba corta que intento mantener prolija a pesar del caos que ahora gobierna mi vida. Pero detrás de esa fachada de “príncipe” como suelen llamarme en los círculos sociales de la élite, solo hay un hombre que siente cómo el suelo se desmorona. Soy el heredero de un imperio que se desangra, un hombre que regresa de sus estudios en el extranjero solo para encontrar a su familia sumergida en la penumbra. —¡Armand
Advertencia Esta historia explora diversas diferencias culturales. Se solicita la máxima colaboración y respeto ante las raíces de cada cultura. Si el contenido no es de tu agrado, te pido que dejes de leerla. Esta es una obra de total ficción, escrita sin ánimo de ofender a nadie y con profundo respeto y honra para quienes pertenecen a esta cultura. Muchas gracias. Prólogo Mis manos tiemblan incesantemente. Se casa; mi sultán se casa con su kuma. La hará su segunda esposa. Para herirme es capaz de todo: reconocerá públicamente a su bebé y yo… yo quedaré en el olvido. No puedo soportarlo; haga lo que haga, nunca me ganaré su corazón. El suelo bajo mis pies parece tambalearse. Los murmullos alegres de los invitados en el gran salón, celebrando el compromiso de mi sultán y su «gran amor», son como dagas en mi corazón. Todos los apoyan, llenándolos de felicitaciones, mientras yo me sofoco. Todo me da vueltas: las risas, los brindis, el lugar… todo retumba en mi cabeza. —¿Alicha? ¿Al










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