A la tarde llegaron más periodistas. Seguridad los contuvo lejos; aún así, cada vez que empujaba la puerta de vidrio, olía la ansiedad colectiva como ozono antes de una descarga. Trabajé hasta que los planos dejaron de ser líneas y volvieron a ser espacios: luz, eco, vidas dentro. Allí estaba mi verdad. En eso nadie podía tocarme.
Cuando salí, el cielo tenía el color del grafito. Un sedán oscuro me esperaba. El chofer bajó el vidrio.
—El ingeniero Del Valle pidió que la lleve —dijo.
Por un segu