Mundo ficciónIniciar sesiónBarbara Smith es acusada de un robo que no cometió, y la policía exige que devuelva un dinero que no tiene. El único capaz de salvarla es Connor Anderson, un hombre arrogante y dominante, dispuesto a pagar el precio… siempre que ella le entregue su cuerpo. Cuando Barbara cree que todo está perdido, regresa Matthew, su amor prohibido del pasado. Lo que nadie imagina es que Matthew y Connor son hermanos… y Connor aún no sabe que la mujer que desea con obsesión fue también amante de su propio hermano.
Leer másO que fazer para resistir aquela atração que a estava consumindo, Chloe sentia sua intimidade pulsar e tudo o que mais queria era que Brian a beijasse de verdade e não a provocasse apenas. Sabia que as pessoas os olhavam, mas sua excitação era tanta que seria capaz de ceder aos seus desejos ali mesmo, entre aquelas pessoas desconhecidas. De forma inconsciente, ela deixa escapar um gemido, ao sentir a respiração de Brian em seu ouvido.
— Isso tudo é tesão? — Brian a provoca, mas Chloe prefere permanecer em silêncio, com certeza a sua voz iria a trair, mesmo que dissesse que ele estava enganado — Tenho certeza que está molhadinha — Brian a provoca rindo — Preciso ter essa certeza. Antes que Chloe diga alguma coisa, sente uma mão levantando o seu vestido por baixo da mesa do restaurante onde estavam jantando e não demora a sentir suas pernas serem afastadas sem que ela consiga ter forças para impedir. A lateral de sua calcinha é igualmente afastada e dedos se movem em sua intimidade, a fazendo apertar com força o copo que segurava. Tudo o que Chloe queria era rebolar naqueles dedos experientes, mas antes que consiga se mover, sente sua intimidade ser abandonada e vê Brian levando os dedos a boca, os lambendo com malícia. — As pessoas estão olhando... — Chloe consegue dizer com voz rouca. — Eles sabem exatamente o que está acontecendo — Ele sorri — Mas eu ainda não acabei, quero ver você gozar para mim, quero que imagine eu dentro de você e goze bem gostoso — Brian havia voltado a tocá-la com os dedos, mas agora ele havia introduzido dois deles em sua gruta melada e a provocava com um movimento de vai e vem — Se demorar eu espero, afinal eu não estou com pressa, só quero que sinta prazer, eu estou adorando te ver com esse rostinho vermelho e essa boquinha entreaberta de prazer. — Para... por favor — Chloe não conseguia se controlar e rebolava naqueles dedos experientes. — Eu sei que você está gostando disso. Você me quer, e não consegue mais negar isso — Brian beija o seu pescoço e empurra o dedo ainda mais fundo — Goza... goza pensando em me ter sobre você, socando forte, te fazendo gritar o meu nome — Brian sorri ao sentir ela soltar outro gemido um pouco mais alto — Que gostosa... Abre mais a perna, isso rebola gostoso... Saiba que saindo daqui eu vou te fuder, como nunca imaginou ser fudida antes. Chloe se sentia uma puta, pois além de abrir mais a perna, ela rebolava sem pudor, mesmo sabendo que eram notados pelas pessoas a sua volta, mas ela era incapaz de parar, o seu corpo parecia ter vontade própria e ela alucinada, segurava a mão que brincava em sua intimidade. Ela mordia os lábios pouco se importando se as pessoas a julgassem. — Aí que delicia... — Sussurra ao sentir o seu corpo todo estremecer e um delicioso espasmo vir acompanhado de uma deliciosa sensação de prazer — Que... delícia — Conclui, fechando os olhos extasiada. — Deliciosa, como eu acreditei que fosse — Brian conclui depois de limpar os dedos com a boca — Vamos! Está na hora de você saber o que é ser fudida de verdade. Jogando algumas notas sobre a mesa, o suficiente para pagar muito mais do que um jantar, Brian sai do restaurante a arrastando pelas mãos. As pessoas os vê saindo e alguns deles os olhavam com inveja do que haviam acabado de presenciar. No carro ele a olha e sorri, e antes de ligar o carro ele pede que ela o beije. — Eu não vou para um motel com você... — E quem disse que eu vou te levar para um motel? Eu quero você na minha cama, quero que deixe o seu cheiro no meu quarto e quero que sinta o meu, para que nunca se esqueça dessa noite, pois tenha certeza que depois do que iremos fazer, irá implorar por minha atenção. Agora me beije, já que era o que queria que eu fizesse lá no restaurante. — Eu não vou te beijar, você é o meu sogro. — Meu filho não poderia ter encontrado uma nora mais perfeita — A puxando para ele, Brian a olha nos olhos — Eu duvido que ele te beije assim dessa forma — A pegando pela nuca Brian a beija de uma forma que a faz perder o fôlego, mas não podia negar, nunca havia sido beijada daquela maneira. Brian lhe sugava a língua e lhe devorava os lábios, a fazendo querer mais que um beijo. Chloe correspondia, sentindo ele lhe acariciar os seios sobre o tecido do vestido e adorava ver a ousadia dele. Ele abandona os seus lábios e desce os beijos por seu pescoço, até alcançar o decote do vestido e com mãos experientes ele alcança o seu mamilo para correr a língua por ele a fazendo gemer querendo mais. — Aqui não... agora você terá prazer na minha cama.No le quedaban ahorros; la mente le bullía de problemas y la barriga le rugía como un animal rabioso. Caminó la habitación con pasos cortos, la luz mortecina apenas delineaba las grietas de la pared. No sabía qué hacer. Todo le pesaba: la humillación, la amenaza, la sensación de que su vida se deshacía en un manojo de pequeños fracasos. Aquella pregunta de Marcos seguía retumbándole en la cabeza como una sentencia que no permitía réplica.Aunque le doliera aceptarlo, él había tenido razón. ¿Cuál era el sentido de resistirse si él se convirtió en la única salida? La razón se le escapaba entre los dedos como agua caliente; la dignidad no llenaba estómagos ni pagaba cuentas. Por la noche, cuando el silencio la envolvía, la idea se colaba con frío: ceder y acabar con la deuda. No era valentía lo que la detenía, sino una mezcla de orgullo herido y un remanente de temor que no sabía nombrar.En la semioscuridad, con la cortina dejando pasar una franja de faroles, Barbara tomó el teléfono co
Habían pasado dos días desde que Matthew le había hecho aquella amenaza. Cada amanecer desde entonces se había sentido como una sentencia que la perseguía y la agotaba.Ella, que antes encontraba en las mañanas una promesa de reinicio, ahora despertaba con la pesadez de un nombre que se repetía en la garganta.Se había asustado y había decidido no responder; había bloqueado su número y eliminado cualquier rastro digital que lo conectara con ella, aunque sabía, en lo más hondo, con la certeza de quien conoce las constantes del peligro, que él encontraría la manera de dar con ella de nuevo. Siempre lo hacía. Cuando estuvieron juntos, su persistencia fue una de las cosas que en algún momento la atrajo y después la condenó.Barbara se preparó para otro día con una mecánica que ya no era rutina sino supervivencia. El reloj marcaba las siete de la mañana y la luz colaba su indiferencia por la cortina raída. Los pocos ahorros que tenía se le agotaban como arena entre los dedos; cada moneda e
Ella sintió cómo el miedo la atravesaba, frío y fino, como un animal que la devoraba desde adentro. Nunca había imaginado que el día en que su pasado saliera a mordisquear su presente llegaría tan pronto; sin embargo, Connor olfateaba el temor con la precisión de un sabueso: lo detectaba en la respiración, en el temblor apenas perceptible de las manos. Por eso ella supo de inmediato que debía mostrarse firme, aunque por dentro la sangre le corría en estampida y la cabeza le latía con demasiada fuerza.—No sé —fue lo único que ella respondió—. No sé porque tu hermano sabe mi nombre. Seguro lo escuchó en las noticias.Las palabras salieron torpes, envueltas en un intento de sarcasmo que apenas cubría la grieta del pánico. Barbara trató de poner distancia con la broma, de convertir la acusación en un episodio mundano y risible, pero la ironía no alcanzó: su propio interior se deshacía en ese momento. Podía explicar todo; podía decir que no había nada, que las piezas no encajaban como él
La voz de Matthew se coló entre sus huesos y aunque no lo vio, pudo darse cuenta de las intenciones que él tenía. Un hilo eléctrico recorrió la piel de Barbara desde la nuca hasta la punta de los dedos; el sonido de aquella voz la desarmaba y, a la vez, la encendía de pavor. Su perfume la invadía aun desde la distancia, una mezcla amarga de tabaco y madera vieja que traía memorias que ella creía enterradas; cada inhalación lo acercaba más, como si el aire mismo conspirara para unirlos.Sabía que no había escapatoria. La casa de Connor tenía ventanas que miraban al jardín, muebles que hablaban de dinero y control, y pasillos que se alargaban como veredictos. Allí, en ese escenario opulento, los recuerdos se volvían más nítidos, más dolorosos. La famélica esperanza de encontrar una salida se le hiciera diminuta, casi ridícula, frente a la certeza de que Matthew había venido con intenciones que no podían ser buenas para ella.—Iré a casa —murmuró ella, queriendo correr hacia la puerta.La
Último capítulo