Mundo de ficçãoIniciar sessãoSinopsis Anabela Ocampo lo pierde todo el día que su prometido no llega al altar. Frente a una iglesia llena de miradas y silencios incómodos, entiende una verdad que siempre la persiguió: nunca fue la elección de nadie. Humillada, herida y cansada de ocupar el lugar de la mujer “suficiente, pero nunca ideal”, huye a Las Vegas con un único objetivo: desaparecer. Lo que no imagina es que ese viaje marcará el inicio del juego más peligroso de su vida. En una ciudad donde nada es lo que parece, Anabela conoce a Max Duarte, un hombre tan enigmático como magnético, que se mueve con la precisión de alguien entrenado para mentir. Él es un gigoló por fachada… y mucho más de lo que aparenta. Cuando una llamada de su padre la obliga a presentarse en una cena empresarial como una mujer “estable” y casada, Anabela propone un trato impensado: un matrimonio falso, solo por unos días. Max acepta. Y con esa decisión cruza una línea sin retorno. Porque Max no es solo un hombre contratado para fingir amor. Es un agente encubierto infiltrado en una organización criminal internacional. Y Anabela, sin saberlo, es la pieza clave de una investigación capaz de derrumbar imperios mafiosos. Su inteligencia, su trabajo en ciberseguridad y su apellido la han puesto en la mira de personas que no perdonan errores… ni testigos. Mientras las mentiras se vuelven cada vez más reales y la atracción deja de ser parte del trato para convertirse en una amenaza emocional, ambos deberán decidir qué están dispuestos a perder. Porque en este juego de poder, traiciones y deseo, enamorarse puede ser el error más mortal de todos. Un romance intenso donde el amor nace en territorio enemigo, y donde fingir puede costarlo todo.
Ler maisPOV AnabelaDurante un segundo no supe cómo respirar. El ruido del salón se apagó a mi alrededor y solo quedó él, de pie frente a mí, mirándome como si estuviera tratando de reconocer a alguien que ya no era la misma.No era el chico flaco que se ponía delante cuando Isabel cruzaba límites. Era un hombre ahora. Más alto, más ancho, con los hombros rectos y el cuerpo rígido, como si todavía siguiera obedeciendo órdenes invisibles. El cabello rubio cortado casi al ras, la mandíbula dura, los ojos del mismo azul frío de siempre, aunque ahora había algo más en ellos, algo apagado, como si la vida se hubiera encargado de borrar cualquier resto de suavidad.—Bella —dijo al fin—. Pensé que no vendrías.—Damián… —respondí, y odié lo pequeña que sonó mi voz.No hubo tiempo para más.Isabel apareció a su lado con esa sonrisa suya que siempre llegaba antes que el golpe. Se acomodó el vestido con un gesto estudiado y nos miró como si la escena le perteneciera.—Miren nada más —dijo—. El reencuent
POV AnabelaY entonces lo vi.No fue inmediato. No fue dramático. Fue peor.Primero sentí ese tirón seco en el pecho, como si algo invisible me hubiese jalado hacia atrás. Luego el aire se volvió espeso. Irrespirable. Y recién entonces mis ojos lo encontraron.Santiago.De pie, seguro de sí mismo, con esa sonrisa que durante años confundí con carisma. Vestido impecable. Relajado. Como si jamás hubiera dejado a una mujer plantada frente a un altar lleno de gente. Como si no me hubiera destrozado la vida con su ausencia.Y a su lado… ella.Alta. Delgada. Perfecta. De esas mujeres que parecen no dudar nunca de su lugar en el mundo.Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente. Las piernas me temblaron. El estómago se me cerró. El corazón empezó a latirme con violencia, como si quisiera huir.No.No aquí.No ahora.Y entonces lo sentí.La presencia firme de Max.Se adelantó apenas, lo suficiente para quedar entre Santiago y yo. Su mano rodeó mi cintura con decisión, sosteniéndome como si hubier
POV MaxEl momento en que la puerta se cerró detrás de Anabela, me quedé quieto algunos segundos. Esperando. Escuchando el sonido del elevador bajando, sus pasos desapareciendo. Cuando el silencio confirmó que se había ido, me moví.No era orgullo. No era curiosidad. Era supervivencia.Necesitaba saber exactamente en qué se había metido Anabela. Y más importante, necesitaba saber si me comprometía.Comencé en la sala. Revisé los cajones cuidadosamente, devolviendo todo a su lugar exacto. Nada relevante. Facturas, recibos, papeles sin sentido. Me moví hacia su habitación. La cama estaba hecha con casi precisión militar. El closet organizado por color. Todo en orden.Metódico. Controlado. Como alguien que necesita orden para no colapsar.Revisé su escritorio. Libretas llenas de notas técnicas, diagramas de sistemas, código manuscrito. Brillante. Pero nada comprometedor.Hasta que vi la laptop.Estaba en la mesa de la cocina. Cerrada. Esperando.Me acerqué lentamente, como si pudiera
POV MaxLila pasó junto a nosotros sin mirar.Su perfume caro dejó una estela en el aire mientras avanzaba hacia la primera clase con la naturalidad de quien sabe que todo le pertenece. Uno de sus guardaespaldas me observó durante medio segundo. No más. Lo suficiente para evaluarme y descartarme.Perfecto.Anabela no notó nada. Seguía mirando por la ventanilla con esa expresión tensa que llevaba desde que abordamos, como si el mundo que la esperaba del otro lado del aterrizaje fuera una sentencia inevitable. No tenía idea de que, a menos de dos metros, caminaba la mujer más peligrosa que había conocido en años.Y debía seguir sin saberlo.Cuando el avión aterrizó, el caos habitual se desató: gente de pie antes de tiempo, maletas cayendo, voces impacientes. Anabela permaneció sentada, inmóvil, con las manos entrelazadas sobre el regazo.—¿Estás bien? —pregunté.—No —respondió sin rodeos—. Pero no tengo opción.Me puse de pie y le tendí la mano.—Entonces finjamos que sí la tienes.Me m
POV MaxEsa noche llegué al apartamento seguro que la Agencia me había asignado y cerré la puerta con más fuerza de la necesaria. El silencio me recibió como siempre: limpio, funcional, diseñado para que nada distrajera. Dejé la chaqueta sobre el respaldo de la silla y encendí la laptop sin quitarme los zapatos.El informe preliminar sobre Anabela Ocampo ya estaba abierto.No esperaba gran cosa. Una turista más, una mujer huyendo de un mal momento, alguien completamente ajeno a mi misión. Un nombre sin peso real. Un error de cálculo que se corregía solo.Abrí el archivo.Mi expresión cambió casi de inmediato.Anabela no era competente. Era destacada. De esas personas que no abundan. Había liderado proyectos complejos, publicado artículos técnicos, diseñado sistemas que no solo resolvían problemas, sino que anticipaban fallas antes de que existieran. Bancos, aseguradoras, holdings industriales. Empresas enteras esperaban meses para trabajar con ella.Leí más despacio.No porque no ente
POV AnabelaLas copas se acumulaban en la mesa igual que mis palabras. No recordaba la última vez que alguien me escuchó sin juzgarme, sin interrumpirme para darme consejos que no pedí, sin mirarme como si estuviera exagerando. Pero él… él solo estaba ahí, atento, tranquilo, con esa neutralidad que me daba permiso de desarmarme sin sentir vergüenza.El reservado olía a licor caro y a humo dulce. Afuera, detrás de esa puerta acolchada, la ciudad seguía siendo un carnaval de neón. Aquí dentro, en cambio, el tiempo parecía moverse a otro ritmo; uno donde mis pensamientos no tenían que competir contra la música.—Y bueno… —bebí otro sorbo, sintiendo el ardor bajarme por la garganta—. Así fue como terminé usando mi luna de miel como escapatoria. Antes de tener que volver a casa y decirles que mi prometido me dejó plantada en el altar.No dije “Santiago”. Decir su nombre era darle importancia. Él ya me había quitado suficiente.El silencio que siguió no fue incómodo. Fue… suave. Max tomó su










Último capítulo