Mundo ficciónIniciar sesiónSinopsis Anabela Ocampo lo pierde todo el día que su prometido no llega al altar. Frente a una iglesia llena de miradas y silencios incómodos, entiende una verdad que siempre la persiguió: nunca fue la elección de nadie. Humillada, herida y cansada de ocupar el lugar de la mujer “suficiente, pero nunca ideal”, huye a Las Vegas con un único objetivo: desaparecer. Lo que no imagina es que ese viaje marcará el inicio del juego más peligroso de su vida. En una ciudad donde nada es lo que parece, Anabela conoce a Max Duarte, un hombre tan enigmático como magnético, que se mueve con la precisión de alguien entrenado para mentir. Él es un gigoló por fachada… y mucho más de lo que aparenta. Cuando una llamada de su padre la obliga a presentarse en una cena empresarial como una mujer “estable” y casada, Anabela propone un trato impensado: un matrimonio falso, solo por unos días. Max acepta. Y con esa decisión cruza una línea sin retorno. Porque Max no es solo un hombre contratado para fingir amor. Es un agente encubierto infiltrado en una organización criminal internacional. Y Anabela, sin saberlo, es la pieza clave de una investigación capaz de derrumbar imperios mafiosos. Su inteligencia, su trabajo en ciberseguridad y su apellido la han puesto en la mira de personas que no perdonan errores… ni testigos. Mientras las mentiras se vuelven cada vez más reales y la atracción deja de ser parte del trato para convertirse en una amenaza emocional, ambos deberán decidir qué están dispuestos a perder. Porque en este juego de poder, traiciones y deseo, enamorarse puede ser el error más mortal de todos. Un romance intenso donde el amor nace en territorio enemigo, y donde fingir puede costarlo todo.
Leer másAnabela estaba bajo el agua caliente de la ducha dejando que el vapor llenara el baño mientras intentaba relajar los músculos tensos de días de cuidar a las bebés, trabajar en la empresa, y lidiar con la reconciliación complicada con Max. La terapia estaba ayudando, habían tenido sus treinta minutos de conversación todas las noches como la Dra. Martinez sugirió, pero todavía dormían en habitaciones separadas porque ninguno había dado el paso de sugerir lo contrario. Estaba tan perdida en sus pensamientos que no escuchó la puerta del baño abrirse, no se dio cuenta de que Max había entrado hasta que sintió brazos fuertes rodeándola por detrás, su cuerpo presionándose contra el de ella mientras el agua caía sobre ambos. —Max, ¿qué...? —Shhh —susurró contra su cuello, sus labios dejando un rastro de besos desde su hombro hasta detrás de su oreja—. Te extraño. No me alejes. Anabela se tensó por un segundo, t
Anabela había pasado las últimas seis horas en una sala de conferencias del edificio sin poder concentrarse en nada, Rodríguez intentó distraerla con detalles del caso, pero eventualmente se rindió dejándola sola con sus pensamientos mientras el jurado deliberaba el destino de Victoria. Max había vuelto a la mansión con las bebés, pero Eleanor se quedó sentada en silencio al otro lado de la habitación como presencia tranquilizadora. El teléfono de Rodríguez sonó a las 4:35 PM y su expresión cambió inmediatamente. —Tienen veredicto. Volvemos a la sala en diez minutos. El estómago de Anabela se retorció porque seis horas era relativamente rápido para un caso tan complejo, podía significar que la evidencia fue tan abrumadora que no necesitaron mucho debate o podía significar que habían decidido rápidamente a favor de Victoria y no querían prolongar lo inevitable. —¿Seis horas es bueno o malo? —preguntó mientras caminaban de regreso.
La sala de corte estaba llena hasta el último asiento, periodistas llenando las primeras filas mientras el público general se amontonaba atrás, todos queriendo presenciar el juicio que los medios habían bautizado como "El caso Ivanov: Caída de un imperio criminal". Anabela estaba sentada detrás de la mesa de la fiscalía con James Rodriguez a su derecha, vestida con traje negro que proyectaba autoridad mientras en realidad ella intentaba controlar los nervios que le revolvían el estómago. Max estaba tres filas atrás con Eleanor, había insistido en venir a pesar de la tensión entre ellos, y aunque Anabela apreciaba el gesto, también la hacía más consciente de todo lo que había roto entre ellos. Las puertas laterales se abrieron y dos alguaciles trajeron a Victoria Ivanov esposada, la mujer que había atormentado su vida durante tanto tiempo ahora luciendo más delgada de lo que Anabela recordaba, el cabello gris sin teñir, la ropa de
Anabela estaba sentada en una sala de conferencias rodeada de abogados y fiscales, cajas de evidencia apiladas contra la pared mientras James Rodriguez proyectaba documentos en la pantalla grande. Llevaban tres horas repasando cada detalle del caso contra Victoria y apenas habían cubierto la mitad. —La evidencia de Lila es sólida —dijo Rodriguez señalando una transferencia bancaria—. Verificamos cada cuenta, cada transacción. Victoria movió más de cincuenta millones de dólares en los últimos diez años facilitando operaciones de tráfico humano. Sarah Chen, la fiscal adjunta, añadió mientras revisaba otro documento. —Y con el testimonio de Santiago sobre el chantaje de la boda, podemos establecer un patrón de comportamiento manipulador que se extiende décadas. Ella no solo cometió crímenes, orquestó la destrucción sistemática de vidas para su propio beneficio. —¿Cuánto tiempo estamos proyectando? —preguntó Anabela. —Con
Anabela había dormido tres horas en los últimos dos días, Max no había llamado desde que se fue y ella no iba a ser la primera en ceder, Eleanor cuidaba las bebés con expresión de desaprobación silenciosa que era peor que cualquier sermón. Ahora estaba sentada en la sala de visitas de máxima seguridad esperando que trajeran a Lila mientras el fiscal James Rodríguez revisaba documentos a su lado. —¿Está segura de que quiere hacer esto? —preguntó por tercera vez. —Sí. —Porque una vez que firmemos el acuerdo, no hay vuelta atrás. Lila obtendrá reducción de sentencia independientemente de si la información resulta útil o no. —Entiendo los términos. Traigan a Lila. Rodríguez hizo una señal al guardia quien salió y regresó cinco minutos después con Lila Ivanov esposada, más delgada que la última vez que Anabela la había visto, el cabello oscuro ahora con mechas grises prematuras, pero los ojos tenían ese brillo de locura qu
Anabela llegó a casa después de haber hablado con el fiscal James Rodríguez, quien había confirmado que la reunión con Lila estaba programada para el jueves siguiente. Durante todo el camino de regreso había ensayado mentalmente cómo explicarle a Max que ya había aceptado la reunión, que ya había tomado la decisión sin consultarlo más allá de esa llamada rápida de la tarde. Eleanor estaba en la sala meciendo a Sofia después de su nebulización mientras Emma dormía en su cuna portátil al lado del sofá. Max estaba en la cocina preparando la cena, cortando vegetales con movimientos mecánicos que indicaban que estaba pensando intensamente en algo. —Hola —dijo dejando su bolso en la mesa—. Huele bien. —Pasta con pollo. Nada elaborado. Eleanor se puso de pie con cuidado para no despertar a Sofia. —Los dejo solos, ustedes necesitan hablar y yo necesito descansar. Salió antes de que cualquiera pudiera protestar y Anabela





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