Todos en la sala se quedaron observando a Connor, como si no pudieran creer lo que escuchaban. El aire pareció espesarse, un silencio pesado y lleno de tensión se apoderó de la atmósfera, como si en aquel instante todo lo demás hubiera dejado de existir. Nadie nunca le había llevado la contraria en nada, nadie se había atrevido a ponerlo en duda frente a otros, y aquello era un privilegio que Connor conocía bien, un poder que sabía manejar a su antojo. Por eso, la osadía de aquella negativa le