Mundo ficciónIniciar sesiónMe besa. Sus labios devoran los míos con una intensidad cargada de deseo, pasión y descontrol. Le correspondo con la misma intensidad, pero la razón intenta abrirse paso e interponerse ante el deseo. —Detente, por favor, no hagas esto —suplico, intentando frenarlo al apoyar mi dedo índice sobre sus labios. —¿Qué pasa? ¿Ya no tienes la misma audacia de esa noche? Sus palabras me dejan gélida. —¿Lo sabes? —pregunto, con el corazón martilleando con frenesí contra mis costillas. —¿Qué te entregaste a mí? Lo sé. Fue tu primera vez. Desde entonces, no puedo sacarte de mi mente, y sé que tú tampoco puedes olvidarme. —Esto está mal… soy tu cuñada. —Lo sé. Cúlpame a mí si quieres, pero por más que intento controlar mis deseos, no puedo detenerme. No después de saber que solo has sido mía. ¿Plan o casualidad? Soy Ashley Evans, tengo 26 años y, hasta ahora, pensé que lo ocurrido entre mi cuñado y yo había sido un accidente, un impulso del deseo. Pero la verdad es que hemos sido víctimas de un juego de poder entre mi hermana y yo. Siempre creí que entre nosotros existía una gran amistad, queramos unidas, pero mi ignorancia fue rechazada por la realidad de su crueldad, dijo que le debía una vida y que tenía que devolvérsela, aunque eso significará mi muerte. Ahora que la verdad salió a la luz, y yo me debato entre la realidad y mis sentimientos. Antes de juzgarme, les pido que me acompañen en esta aventura. Denme la oportunidad de contar mi historia y entenderán por qué traicioné a mi hermana; la razón de su profundo odio hacia a mí, y como llegamos al punto de que le debo mi vida.
Leer másCapítulo 70. El Veredicto del Destino. El aire en los pasillos de la clínica privada de Los Ángeles es gélido. Tiffany Evans, con la mirada desorbitada y el cabello revuelto, ha cruzado el umbral de la cordura. En un movimiento desesperado, aprovechando un descuido en el cambio de turno de la seguridad, se desliza hacia la unidad neonatal. Sus manos tiemblan mientras abre la incubadora de Ian Gael. El bebé, ajeno al mal que lo acecha, duerme bajo el arrullo de las máquinas.—Mi niño… mi pequeña llave para tener a Álvaro —susurra ella, con una voz roca. —Vámonos, antes de que esa usurpadora te arrebate de mi lado.Tiffany toma al niño con brusquedad. El llanto del bebé estalla, agudo y desesperado, activando las alarmas. En segundos, el pasillo se llena de pasos pesados. Álvaro, que no se ha alejado del hospital, aparece como una sombra implacable, interceptándola cerca de la salida de emergencia.—¡Es mi hijo! ¡Es mi hijo! —grita ella mientras los oficiales de policía y el persona
Capítulo 69.El Sacrificio de una Madre. Durante las horas de vuelo, el tiempo se ha distorsionado; el espacio entre Chicago y Los Ángeles es un abismo de lágrimas y revelaciones que me queman por dentro. Cada vez que cierro los ojos, la palabra “madre” resuena en mi mente con un peso nuevo, sagrado y doloroso. Mi propia familia, aquellos que debían protegerme, me convirtieron en un recipiente, en una sombra, robándome el milagro de mi primer hijo para alimentar la obsesión de Tiffany, un dolor pulsante inunda mi alma, porque los creía capaz de todo menos de llegar tan lejos. En cuanto las puertas de la clínica se abren, el olor a antiséptico me golpea. Los padres de Álvaro corren hacia nosotros; la angustia en sus ojos es un espejo de la mía.—¿Cómo está mi hijo? ¿Dónde está mi bebé? —exclamo, con la voz quebrada y el rostro empapado en llanto.—Cálmate, cariño —suplica la madre de Álvaro, tomándome de las manos con una ternura que me desarma—. No puedes alterarte así, piensa
Capítulo 68. El Despertar de la realidad. POV Álvaro. La humedad del aire me cala los huesos, pero el fuego de la angustia me mantiene en pie. Marc, con la eficiencia de quien sabe que su vida depende de la mía, ha rastreado la última sombra de Ashley. Las cámaras de seguridad del edificio no mienten, ella salió poco después de que yo irrumpiera en su departamento. Las grabaciones muestran a una Ashley pálida, tambaleante, una mujer que parecía desorientada. Un taxi la recogió en la entrada; tomamos la placa, localizamos la agencia y, finalmente, al conductor.—La dejé en el Hospital General —nos dijo el hombre con un tono de preocupación genuina—. No se veía nada bien, señor.Ahora estoy aquí, frente al mostrador de emergencias, con el corazón martilleando contra mis costillas. Mi pecho es un hueco de ansiedad.—Señorita, buenas tardes —le digo a la recepcionista con la voz rota—. Estoy buscando a mi esposa. Es ella… —Le muestro la foto en mi celular. El rostro de Ashley, s
Capítulo 67. Planes malévolos. Meses antes. El ambiente en la mansión Villanueva Evans es una amalgama de tensión que se puede cortar con un cuchillo. La celebración del Baby Shower de Ian Gael, que debería ser un oasis de alegría, se ha transformado en un escenario de caos tras el repentino desvanecimiento de Tiffany. Mientras los invitados se agolpan y los murmullos crecen, en un rincón sombrío del jardín, lejos de las miradas indiscretas, Estela despliega su red de intrigas. —Marco… —pronuncia ella, su voz es un susurro gélido que detiene al hombre en seco.—¿Señora Evans? —responde él, ajustándose la chaqueta con una sonrisa ensayada.—Te he estado investigando —suelta ella sin preámbulos, clavando sus ojos en él—. Te he seguido y puedo confirmar que intentas una relación con Ashley, pero que no son nada concreto.Marco suelta una carcajada breve, desprovista de humor.—¿Tan obvios somos? Debo confesar que no es por mí. Su hija se empeña en mantenerme a raya; dice que
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