Ella sintió cómo el miedo la atravesaba, frío y fino, como un animal que la devoraba desde adentro. Nunca había imaginado que el día en que su pasado saliera a mordisquear su presente llegaría tan pronto; sin embargo, Connor olfateaba el temor con la precisión de un sabueso: lo detectaba en la respiración, en el temblor apenas perceptible de las manos. Por eso ella supo de inmediato que debía mostrarse firme, aunque por dentro la sangre le corría en estampida y la cabeza le latía con demasiada