La voz de Matthew se coló entre sus huesos y aunque no lo vio, pudo darse cuenta de las intenciones que él tenía. Un hilo eléctrico recorrió la piel de Barbara desde la nuca hasta la punta de los dedos; el sonido de aquella voz la desarmaba y, a la vez, la encendía de pavor. Su perfume la invadía aun desde la distancia, una mezcla amarga de tabaco y madera vieja que traía memorias que ella creía enterradas; cada inhalación lo acercaba más, como si el aire mismo conspirara para unirlos.
Sabía que