Mundo ficciónIniciar sesiónEthan Miller tiene la vida perfecta: dirige su propia empresa y comparte su vida con Sophie Laurent, su pareja de años. Sin embargo, cuando enfrentan dificultades para tener un hijo, la aparente perfección de su vida comienza a desmoronarse. Su solución para formar una familia recae en Ava Brooks, su confiable asistente, quien acepta ser madre subrogada. Para Ava, la decisión es un acto de lealtad hacia su jefe, aunque también sabe que lo hace motivada por los sentimientos secretos que guarda hacia él. Sin embargo, un error en la clínica convierte este acuerdo en un desastre inesperado: en lugar de llevar el bebé de Sophie, Ava queda embarazada de un hijo que comparte solo con Ethan. Sophie, llena de furia y resentimiento, exige que Ava aborte, y la situación escala hasta que Ava se ve obligada a fingir que ha perdido al bebé en un accidente. Ethan, herido y desconcertado, reacciona con dureza, acusándola de irresponsabilidad. Herida y decidida a protegerse, Ava renuncia, eligiendo ocultar su embarazo y desaparecer de la vida de Ethan. Para Ethan, la salida de Ava representa una pérdida que le es difícil aceptar, mientras que Ava debe enfrentarse a la nueva vida que ha elegido, y a la promesa de un amor que nunca fue, protegiendo al hijo que Ethan jamás sabrá que es suyo.
Leer másSophie se agachó lentamente frente a Ethan, sus ojos estaban clavados en los de él con determinación. Sabía exactamente cómo volver loco a un hombre, cómo usar su boca para desarmar cualquier resistencia. Ethan levantó una mano, intentando detenerla, murmurando algo sobre no estar listo, pero ella ignoró sus palabras. Se colocó de rodillas sobre el piso húmedo del baño, tomó su miembro con firmeza y lo introdujo en su boca sin vacilar. En otro momento, ese gesto habría provocado un éxtasis intenso en Ethan, una oleada de placer que lo habría dejado sin aliento. Pero esta vez, una profunda incomodidad se instaló en su pecho. No era Sophie a quien quería chupándole la po’lla. Quería a Ava, imaginar sus labios rosados envolviéndolo, su boca tierna y cálida succionando con esa timidez que lo volvía loco. Sus ojos enormes y brillantes fijos en él, sus mejillas ruborizadas por la vergüenza y el deseo. “¿Por qué no puedo sacarla de mi cabeza?”, pensó Ethan, el estómago le dio un vu
Ava se quedó mirando fijamente a Sophie, sin poder apartar los ojos de la sonrisa que no se borraba de su rostro. Parecía como si la mujer aguardara, con paciencia venenosa, la reacción que quería arrancarle: que llorara, que se derrumbara, que preguntara incrédula si era cierto lo que acababa de escuchar. Su cuerpo se tensó y sintió que el suelo temblaba bajo sus pies. Unas náuseas terribles la invadieron, distintas a las que solía sentir con el embarazo. La cabeza le daba vueltas y la respiración se le agitó, como si hubiese corrido un largo tramo sin detenerse.Era el shock. Solo eso. El golpe invisible de aquellas palabras retumbaba en su mente, como si cada sílaba de Sophie hubiese sido un látigo en su piel.Pero se obligó a repetir una y otra vez que debía controlarse. ¿Cuál era la diferencia? Sabía que Sophie y Ethan terminarían casados, lo había sabido desde el principio. ¿Qué cambiaba que la boda se adelantara? Si la caída iba a ser inevitable, mejor que ocurriera pronto. Al
Ava sintió cómo la sangre se le helaba al ver a Sophie frente a ella. Por un instante, estuvo convencida de que la mujer había visto a Ethan salir del apartamento y que había ido hasta allí para hacer un escándalo, reclamarle o, en el peor de los casos, abofetearla. Solo podía imaginar lo peor.El miedo le subió por la garganta y se convirtió en náuseas. Corrió al baño a toda prisa y se inclinó sobre el inodoro, devolviendo lo poco que tenía en el estómago. Su respiración era entrecortada, el sudor frío le perlaba la frente.Lo último que esperaba era sentir una mano que le sostenía suavemente el cabello hacia atrás. La voz de Sophie, sin reproches, le llegó como un golpe de sorpresa.—Ava… tranquila. Respira despacio. ¿Quieres un poco de agua?Ava jadeaba entre arcadas. Cuando al fin logró enjuagarse la boca y volver a ponerse de pie, Sophie la miraba con una expresión de preocupación que parecía genuina.Ava la miró fijamente, confundida. Esperaba dureza, ironía, cualquier cosa meno
Ethan caminó por la calle con pasos largos, el eco de sus propios movimientos se mezclaba con el ruido lejano de los autos. Su chaqueta estaba mal puesta, apenas colgando de un hombro, y las manos le temblaron cuando las pasó una y otra vez por su cabeza. El aire de la noche estaba cargado, y sintió que le faltaba oxígeno, como si la culpa misma lo estuviera asfixiando.—¿Qué demonios estoy haciendo? —murmuró con la voz ronca, casi quebrada.El beso, el calor de Ava, la fuerza con la que su corazón había latido contra el de ella, lo perseguían como una sombra. Pero Sophie… aparecía en su mente como un recordatorio brutal.Ella confiaba en él, lo esperaba con planes de boda, y mientras tanto él había perdido la cabeza con otra mujer. Con Ava.La sola idea lo desgarraba por dentro. ¿Decírselo a Sophie? Por un segundo lo consideró, imaginando la mirada furiosa de ella, los gritos, la humillación. Negó de inmediato, apretando los puños con fuerza como si pudiera espantar el pensamiento
A pesar de que la emoción inundaba su pecho y hacía latir su corazón con fuerza, Ava volvió en sí de golpe, como si la realidad le cayera encima como un balde de agua helada. Había un nudo en su garganta que no sabía si era de rabia, miedo o desesperación.—No digas esas cosas, Ethan —protestó, apartando el rostro con enojo—. Ya debimos aprender la lección. ¡Esto no puede seguir pasando!Su voz temblaba, no solo por la furia que intentaba proyectar, sino por el amor desmedido que sentía por él. Un amor que le desgarraba por dentro, porque lo amaba con locura, y aun así, sabía que no tenía derecho alguno a él. En silencio, pensaba que ella también hubiera querido ser Sophie, tener ese lugar privilegiado en su vida, poder besarlo libremente, sin miedo, sin culpas.Pero la realidad era otra. El aire denso de la habitación, impregnado del aroma y las feromonas de Ethan, la mantenía atrapada, incapaz de respirar con claridad. Cada segundo a su lado era un recordatorio de que estaba jugando
Ethan sabía que si Ava se asustaba demasiado, podría ser fatal. El recuerdo de lo frágil que estaba, de lo vulnerable que resultaba en su estado, le atravesó el pecho como una daga. Por eso, aunque la sostenía con fuerza, se apresuró a susurrar contra su oído, con voz baja y apremiante, tratando de calmarla. —Soy yo, Ava… tranquila… soy yo. Pero su mano continuaba firmemente sobre la boca de ella, porque estaba seguro de que gritaría al darse cuenta. O peor aún: que lo insultaría por haberse colado en su apartamento de esa manera. Los ojos de Ava se abrieron con un sobresalto desmesurado. Reconoció la voz, reconoció el olor que tanto la confundía, y su cuerpo reaccionó con una mezcla de alivio y rabia. Se revolvió con todas sus fuerzas hasta soltarse del agarre que la mantenía inmóvil y, apenas libre, giró hacia él con los labios apretados, la mandíbula rígida y el rostro ardiendo de indignación. —¡Eres un idiota! —gritó con la voz cargada de furia—. ¡Un imbécil descerebrado y
Último capítulo