La noche anterior a la inseminación, Ava estaba sola en su pequeño y desvencijado departamento del centro.
El lugar, aunque limpio, tenía las paredes manchadas por el tiempo y una gotera constante en la cocina que ya formaba parte del paisaje sonoro habitual. El sofá donde estaba recostada crujía cada vez que se movía y el ventilador colgado del techo apenas combatía el calor de junio.
Intentaba mantener la mente ocupada con una película en N*****x, pero ni las risas grabadas ni el guion pred