A pesar de que la emoción inundaba su pecho y hacía latir su corazón con fuerza, Ava volvió en sí de golpe, como si la realidad le cayera encima como un balde de agua helada. Había un nudo en su garganta que no sabía si era de rabia, miedo o desesperación.
—No digas esas cosas, Ethan —protestó, apartando el rostro con enojo—. Ya debimos aprender la lección. ¡Esto no puede seguir pasando!
Su voz temblaba, no solo por la furia que intentaba proyectar, sino por el amor desmedido que sentía por él.