Ethan salió de su oficina pasadas las ocho de la noche. El pasillo estaba desierto, en penumbra, silencioso como casi toda la empresa a esa hora.
Al dar un paso hacia la salida, algo en el suelo llamó su atención.
Una carpeta.
La reconoció al instante: era la que Ava le había traído más temprano. Se agachó a recogerla con el ceño fruncido.
¿Cómo había terminado ahí, tirada justo frente a su puerta?
—Ava… —murmuró sin darse cuenta.
—¿Ava? —repitió Sophie desde detrás, con un tono cargado de ve