Mundo ficciónIniciar sesiónEn la próspera ciudad de Nueva Celestia, el magnate Mateo Figueroa permaneció en estado vegetativo por tres largos años, durante los cuales su esposa Valentina Méndez se dedicó en cuerpo y alma a sus cuidados. La vida dio un vuelco cuando Mateo despertó. Valentina, revisando el celular de su esposo, se topó con una revelación devastadora: un mensaje íntimo que evidenciaba que el antiguo amor de juventud de Mateo había regresado a sus vidas. El círculo social elitista de Mateo, que siempre había mirado a Valentina por encima del hombro, no tardó en comenzar sus crueles comentarios: —Ha vuelto el cisne de la alta sociedad... Ya es momento de desechar al patito feo de clase baja. Este descubrimiento golpeó a Valentina con una verdad dolorosa: el amor de Mateo nunca había sido real, y ella no había sido más que el hazmerreír de aquella sociedad pretenciosa. La respuesta de Valentina no se hizo esperar. Una noche, el señor Figueroa encontró en su escritorio una sorpresa: una demanda de divorcio. El motivo declarado, para su horror: disfunción eréctil. Enfurecido hasta lo indecible, el señor Figueroa irrumpió en busca de explicaciones. Lo que encontró lo dejó sin palabras: aquella que una vez llamaron "patito feo" se había transformado en una prestigiosa doctora. Allí estaba ella, radiante en un vestido de gala, su silueta elegante reclinada con aire despreocupado bajo las deslumbrantes luces del hospital. Al notar su presencia, la señora Figueroa le dedicó una sonrisa cargada de ironía y le soltó: —Vaya, señor Figueroa, ¿viene para una consulta urológica?
Leer más—No se preocupe, Federico, con mucho gusto esperamos. Luis seguro está ocupadísimo.—¡Para nosotros sería un honor conocerlo!Katia se acercó a Sara y le susurró:—Sara, ¿Luis viene?Sara miró a su abuelo.—Abuelo, hoy Luis no pudo venir.Federico se quedó petrificado.—¿Cómo que no vino, Sara?—Sara, ¿por qué no está Luis? —intervino Katia—. Hoy es el cumpleaños de tu abuelo, ¿no habían quedado en venir juntos?—Abuelo, mamá, surgió un problema en uno de los proyectos del Grupo Rodríguez en el extranjero y Luis tuvo que tomar un vuelo de emergencia esa misma noche. Lamenta mucho perderse el cumpleaños, pero me pidió que en su nombre le deseara al abuelo mucha salud y larga vida.Luis estaba de viaje de negocios.Federico estaba disgustado por dentro. ¿Cómo era posible que justo ahora tuviera que viajar, ni antes ni después? Pero no podía demostrarlo.—Bueno, qué le vamos a hacer. Lo del trabajo es lo primero.Katia también suavizó la situación.—Los hombres deben priorizar su carrera,
Los ojos de Nina se iluminaron al instante.—¡Dios mío, Luis está saliendo con una chica!Joana estaba eufórica. Ya de por sí la ausencia de Luis esa noche la había llenado de alegría, pero encima recibir esa foto era más de lo que había esperado.En ese momento sonó el teléfono.—Hola —contestó Joana.Era la misma voz de antes.—Joana, ¿te satisface la foto?—¡Más que satisfecha! Esta noche es el cumpleaños de Federico. Ya era bastante que Luis no viniera, pero encima está de cita romántica con otra. Si Federico y toda la alta sociedad se enteran de esto, esta noche será el fin de Sara. La van a destruir.—Los que mandé a investigar ya lo confirmaron todo. Luis viajó al extranjero por trabajo, y ahora mismo está cenando con una mujer en un restaurante. Al parecer se mostraron muy cariñosos el uno con el otro. No es una relación cualquiera.—Entendido. Gracias por todo.—No hay de qué —respondió él con una risita—. Nina es mi hija, al fin y al cabo.—Cuando esto salga bien, tu parte es
En el fondo, Joana hervía de envidia y resentimiento.—Ya lo vi. Sara llegó... ¿y Luis?Nina echó un vistazo y de pronto sus ojos se iluminaron.—¡Mamá, Luis no vino!—¿Cómo?Joana levantó la vista. Sara había bajado del auto y entrado sola. No había ni rastro de Luis.—¡Luis no vino! ¡Pero si Luis no vino! —Joana apenas podía contener la euforia—. ¡Esto es una bendición del cielo!—Esta noche Luis era el verdadero invitado de honor —dijo Nina—. El abuelo no ha estado esperando a nadie más que a él, y resulta que no apareció. ¡Esto se va a poner bueno!Joana sacó el teléfono de inmediato y marcó un número.—Hola.Al otro lado se escuchó una voz masculina.—Joana, ¿qué milagro que me llames tú a mí? ¿No me tenías prohibido llamarte para que ese Leandro no se enterara?—Déjate de cosas y escúchame, que es algo importante.—Dime, ¿qué es tan importante?—Averíguame dónde está Luis Rodríguez ahora mismo.—¿Luis Rodríguez? Eso no puedo, Joana. Los Rodríguez son gente muy peligrosa. Si nos d
Joana asintió dócilmente.—Leandro, entra tú.—Entonces tú y Nina vuelvan a casa temprano —dijo Leandro—. Voy a pedirle al chofer que las lleve primero, y en cuanto termine el banquete de cumpleaños, regreso con ustedes.Leandro lo había dispuesto todo con su habitual consideración.—Leandro, Nina y yo no queremos volver a casa —dijo Joana—. Aunque Federico no reconozca a Nina, ella siempre lo ha respetado en su corazón. Si no la deja entrar, está bien, nos quedaremos aquí afuera. Para nosotras, eso también es una forma de celebrarle el cumpleaños. Cuando todo termine, volvemos juntos a casa.Esas palabras le llegaron al alma a Leandro. La miró con los ojos llenos de ternura, con el pecho apretado.—Joana, no te preocupes. Yo nunca te voy a fallar, te lo juro.—Leandro, con escucharte decir eso me basta. Por ti haría cualquier cosa.—No digas esas cosas, que traen mala suerte. Nosotros vamos a estar juntos para siempre.—¡Sí! Anda, entra ya, que te están esperando.—Bueno, me voy.Lean
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