Mundo ficciónIniciar sesiónEn la próspera ciudad de Nueva Celestia, el magnate Mateo Figueroa permaneció en estado vegetativo por tres largos años, durante los cuales su esposa Valentina Méndez se dedicó en cuerpo y alma a sus cuidados. La vida dio un vuelco cuando Mateo despertó. Valentina, revisando el celular de su esposo, se topó con una revelación devastadora: un mensaje íntimo que evidenciaba que el antiguo amor de juventud de Mateo había regresado a sus vidas. El círculo social elitista de Mateo, que siempre había mirado a Valentina por encima del hombro, no tardó en comenzar sus crueles comentarios: —Ha vuelto el cisne de la alta sociedad... Ya es momento de desechar al patito feo de clase baja. Este descubrimiento golpeó a Valentina con una verdad dolorosa: el amor de Mateo nunca había sido real, y ella no había sido más que el hazmerreír de aquella sociedad pretenciosa. La respuesta de Valentina no se hizo esperar. Una noche, el señor Figueroa encontró en su escritorio una sorpresa: una demanda de divorcio. El motivo declarado, para su horror: disfunción eréctil. Enfurecido hasta lo indecible, el señor Figueroa irrumpió en busca de explicaciones. Lo que encontró lo dejó sin palabras: aquella que una vez llamaron "patito feo" se había transformado en una prestigiosa doctora. Allí estaba ella, radiante en un vestido de gala, su silueta elegante reclinada con aire despreocupado bajo las deslumbrantes luces del hospital. Al notar su presencia, la señora Figueroa le dedicó una sonrisa cargada de ironía y le soltó: —Vaya, señor Figueroa, ¿viene para una consulta urológica?
Leer más—¿Otro plan? ¿Qué plan?—Si Leandro no nos sirve, entonces vamos a apoyarnos en tu verdadero padre.Al decir esto, a Joana se le encendió la mirada con una ambición desbordante. Sacó el teléfono de inmediato y marcó un número. En cuanto contestaron, su tono cambió por completo: de la furia pasó a una suavidad calculadora.—Pipe, ¿dónde estás? Tuvimos un problema. Leandro empezó a sospechar de mí. Voy para allá con Nina.Del otro lado se escuchó una voz de hombre, grave y áspera, con un tono perezoso pero cargado de frialdad.—Vengan. Estoy en el lugar de siempre.Colgó, miró a Nina y le dijo:—Nina, ahora mismo vamos a buscar a tu verdadero padre.Joana encendió el carro, dio la vuelta sin mirar ni una sola vez hacia la imponente mansión de los Vargas, y aceleró rumbo a su destino.Veinte minutos después.En un exclusivo edificio de apartamentos privados a las afueras de la ciudad.El lugar quedaba lejos del bullicio del centro, con una decoración lujosa pero discreta. Era la residenci
Joana se puso tensa por un segundo, pero recuperó el control casi de inmediato. Sabía que ese no era momento de romper con Leandro.Todavía lo necesitaba para conseguir todo lo que quería.—Leandro, es que me desesperé demasiado. Me duele mucho que me acuses así, sin razón.Pero esta vez Leandro no cedió.—De ahora en adelante no quiero que vuelvan a molestar a Sara. Compórtense, y yo seguiré manteniéndolas como siempre. Pero si vuelven a armar otro problema, no esperen compasión de mi parte.Y sin decir más, abrió la puerta y se bajó del auto.Leandro se había ido, así, sin más.—Mamá, ¿qué quiso decir papá con eso? ¿Que no espere compasión? ¿Nos va a abandonar?Joana no dejaba de mirar la espalda de Leandro mientras se alejaba. Apretaba los dedos con tanta fuerza que se le pusieron blancos, y esa máscara de mujer dulce que había cargado por años se le cayó por completo, dejando ver todo el rencor y la amargura que había guardado en secreto durante tanto tiempo.—¿Abandonarnos? —soltó
Leandro tenía los ojos cerrados y el ceño profundamente fruncido, agotado hasta el límite.—Ya no digan más —dijo, con la voz ronca y sin fuerzas—. Hoy la culpa fue mía. Ustedes me convencieron de llevar esa foto recortada y falsa a la fiesta, y armé un escándalo que avergonzó a toda la familia. Mi padre me regañó, y me lo merecía.Esas palabras encendieron por completo la furia de Joana.Ella giró de golpe y lo encaró con la mirada, explotando sin control.—¿Armar el escándalo? Leandro, ¿ahora me echas la culpa a mí? ¿Quién fue el que me prometió, en su momento, que Katia era dominante y de carácter cruel, que ya estabas harto de tu esposa? ¿Quién me dijo que todo el patrimonio, las acciones, las propiedades de los Vargas, algún día serían para Nina y para mí? ¡Tú me prometiste que me ibas a reconocer como tu esposa legítima, que ibas a hacer que Nina fuera, con todo derecho, una señorita de la familia Vargas!—¡Fuiste tú el que una y otra vez me llenó de promesas vacías, el que me tu
Leandro se quedó paralizado por un instante.Katia lo miraba con los ojos desbordados de rencor.—Leandro, tú arruinaste mi vida entera. Si no hubiera sido por Sara, probablemente ya estaría muerta. Jamás te lo voy a perdonar. Y ahora solo me queda esperar a ver cómo terminas.—¿Cómo termino yo? —respondió Leandro.Katia dio un paso más, encarándolo de cerca.—Tú y tu manía de favorecer a tu amante y a tu hija ilegítima, ya eso es el colmo. Pero Sara también es tu hija, ¡y hoy estuviste dispuesto a destruirla con esa foto!A Leandro se le hizo un nudo en la garganta. Por culpa de Katia, nunca había tenido una relación cercana con Sara, pero jamás había querido hacerle daño.—Sara también es mi hija. ¿Cómo se te ocurre pensar que yo querría destruirla?—¿Y cuando sacaste esa foto, no pensaste en las consecuencias? Si Luis no hubiera llegado a tiempo, ¿tienes idea de lo que Sara habría tenido que enfrentar?—¡Yo…!—Leandro, todo el mundo se da cuenta de las verdaderas intenciones de esa





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