Mundo ficciónIniciar sesiónEn la próspera ciudad de Nueva Celestia, el magnate Mateo Figueroa permaneció en estado vegetativo por tres largos años, durante los cuales su esposa Valentina Méndez se dedicó en cuerpo y alma a sus cuidados. La vida dio un vuelco cuando Mateo despertó. Valentina, revisando el celular de su esposo, se topó con una revelación devastadora: un mensaje íntimo que evidenciaba que el antiguo amor de juventud de Mateo había regresado a sus vidas. El círculo social elitista de Mateo, que siempre había mirado a Valentina por encima del hombro, no tardó en comenzar sus crueles comentarios: —Ha vuelto el cisne de la alta sociedad... Ya es momento de desechar al patito feo de clase baja. Este descubrimiento golpeó a Valentina con una verdad dolorosa: el amor de Mateo nunca había sido real, y ella no había sido más que el hazmerreír de aquella sociedad pretenciosa. La respuesta de Valentina no se hizo esperar. Una noche, el señor Figueroa encontró en su escritorio una sorpresa: una demanda de divorcio. El motivo declarado, para su horror: disfunción eréctil. Enfurecido hasta lo indecible, el señor Figueroa irrumpió en busca de explicaciones. Lo que encontró lo dejó sin palabras: aquella que una vez llamaron "patito feo" se había transformado en una prestigiosa doctora. Allí estaba ella, radiante en un vestido de gala, su silueta elegante reclinada con aire despreocupado bajo las deslumbrantes luces del hospital. Al notar su presencia, la señora Figueroa le dedicó una sonrisa cargada de ironía y le soltó: —Vaya, señor Figueroa, ¿viene para una consulta urológica?
Leer más—Papá, Nina ya está afuera esperando. Es una chica muy respetuosa y bien portada. Ella misma dijo que solo entra si el abuelo la invita, y que si no, se queda afuera y lo celebra desde allá de todas formas. ¡Seguro que te va a caer bien!Katia soltó un resoplido. Para ella, Nina había heredado todo lo peor de Joana, esa amante de años —tenía el mismo talento para enredar a la gente.Federico miró a Leandro con calma.—Dile que se vaya.Fue un no sin rodeos.—¡Papá!—Katia tuvo razón en algo: Sara es mi única nieta. A los demás, no los reconozco.El rostro de Leandro se desmoronó. Se dio la vuelta y se fue.***Nina y Joana esperaban afuera, dentro del auto. Aguardaban a que Leandro peleara su batalla y volviera con una respuesta.Nina no podía quedarse quieta.—Mamá, ¿tú crees que el abuelo me deje entrar?Joana llevaba un vestido de alta costura y el cabello recogido con elegancia. A diferencia de Katia, su rostro conservaba una suavidad que la hacía ver muy femenina —incluso con los
Al día siguiente llegó el gran día: el cumpleaños de Federico.Toda la mansión de los Vargas estaba engalanada de punta a punta. Afuera, los autos de lujo se alineaban uno tras otro —el evento tenía un peso considerable.Un grupo de jóvenes herederas se arremolinaban entre ellas, emocionadas.—El banquete de Federico está quedando increíble este año.—Claro, los Vargas lo organizaron a lo grande. Vinieron todos los nombres importantes del mundo empresarial.—¡Miren, ya salió Federico!El homenajeado hizo su entrada. Vestía un traje negro impecable y llevaba su bastón en la mano. Los ojos, aunque ya con el velo propio de los años, brillaban con una agudeza que delataba a alguien acostumbrado al poder.Los presentes se acercaron a saludarlo con efusividad.—¡Federico, que los años te sigan tratando con salud y prosperidad!Federico sonreía de oreja a oreja.—¡Gracias a todos! Que hayan venido a acompañarme es un honor para nuestra familia.—¡No diga eso, el honor es nuestro!Katia, la ma
Federico estaba de muy buen humor.—Sara, ¿qué estás haciendo ahorita?—Estoy probándome el vestido para tu fiesta de mañana. ¡Feliz cumpleaños anticipado!Federico soltó una carcajada.—Ya recibí tu cariño. Mañana tú y Luis lleguen a tiempo, ¿eh?Al mencionar a Luis, Sara decidió no decir nada del viaje de negocios por ahora.—Abuelo, vamos a estar ahí puntualmente.—¡Así me gusta! Y cuídate mucho, ¿eh? Lo que llevas en ese vientre es sangre de los Rodríguez —algo muy valioso.—Sí. Entonces hasta mañana.Sara colgó. Llevó la mano a su vientre plano y pensó: *Bebé, mañana vas al campo de batalla con mamá.*Nina y su madre eran como una infección que había tolerado demasiado tiempo. Ya era hora de enfrentarlas de frente.Mañana, ese par sin duda iba a moverse. Quién ganaba y quién perdía, el tiempo lo diría.Mientras Sara hablaba por teléfono, su asistenta, a un costado, ya estaba publicando en redes sociales. Subió la foto de Sara con el vestido y escribió: *¡Mi Sara! Una foto al vuelo
Luis se fue. Sara tomó un sorbo de leche —si él no iba, ella lo enfrentaría sola.Llevaba años peleando en ese campo de batalla que era los Vargas, y esta vez no sería distinto. Podía con todos ellos.Sara tenía plena confianza en sí misma. Sacó el celular y marcó el número de su asistenta.—Hola, Sara, buenos días —contestó la asistenta.—¡Buenos días! ¿Llegó el vestido que te pedí que encargara?El banquete de cumpleaños del abuelo era mañana, y ella había mandado a su asistenta a encargar un vestido de alta costura con bastante anticipación.—Sara, justo te iba a llamar. El vestido ya llegó, ¡hoy mismo puedes ir a probártelo!—Bien, acompáñame.—Entonces nos vemos en la tienda.Sara colgó y se asomó a la cocina.—Rosa, me voy al estudio.—Señora, coma un poco más. Ahora tiene que comer por dos, así el bebé tendrá todos los nutrientes que necesita.—Rosa, ya estoy satisfecha. Me voy a trabajar.Y salió.***Sara y su asistenta llegaron a la boutique. La vendedora ya las estaba espera





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