Mundo ficciónIniciar sesión¿Puede un alma en cenizas soportar el fuego de un nuevo deseo? Julián Thurne fue el prodigio de su generación, un autor cuya pluma cautivó al mundo antes de que el peso de la fama y una tragedia sangrienta lo redujeran a cenizas. Ahora, es una sombra: un ermitaño de ojos azules gélidos y mirada atormentada que vive oculto en una cabaña al borde de un acantilado, donde el rugido del mar es el único sonido que tolera. Eleonora Vance no ha llegado hasta él sólo por caridad, pero tampoco puede negar que la oscuridad de Julián la atrae de una forma que no puede explicar. Ambiciosa y audaz, sabe que su prestigio en el mundo editorial pende de un hilo; necesita ese éxito sin precedentes que sólo el genio de Thurne puede darle para consolidar su nombre en la cima. Sin embargo, tras la fachada de la mujer de negocios que busca un manuscrito para salvar su carrera, se esconde una fascinación peligrosa por el hombre roto detrás de la leyenda. Lo que comienza como una guerra de voluntades bajo la luz de atardeceres melancólicos, pronto se transforma en algo mucho más peligroso. Entre manuscritos rotos y silencios cargados de una electricidad insoportable, ambos descubrirán que la inspiración no nace de la paz, sino del roce prohibido de la piel y el conflicto de dos almas que se reconocen en el dolor. ¿Logrará Eleonora traspasar los muros de un hombre que ha hecho del odio su refugio? ¿Qué sucederá cuando el deseo se vuelva incontrolable y el roce de sus cuerpos sea lo único que logre acallar los demonios de Julián? ¿Podrá su pasión sobrevivir cuando Eleonora descubra la oscura verdad detrás de la tragedia de la que él huye?
Leer másJamás pensé que tendría que estar en esta posición alguna vez en mi vida.
Se que cuando nos casamos, éramos demasiado jóvenes, que dentro del tiempo que llevamos casados habíamos pasado por mucha situaciones pero donde el amor siempre nos ayudó a seguir adelante en nuestro compromiso, el amor era más fuerte que todo. ¿Qué sucedió? ¿En qué momento nos alejamos tanto? ¿Cuándo él amor se murió entre los dos? Pienso con dolor, trato de irme al pasado y encontrar el momento exacto en que todo comenzó a cambiar, en que nuestros caminos se comenzaron a separar para tenernos hoy en día, frente a nuestros abogados disolviendo nuestro matrimonio de cinco años. Nos casamos teniendo tan solo diecinueve años, luego de nuestro primer año de universidad y donde pensábamos que éramos todo poderosos e intocables por las vueltas que da la vida. Nuestros padres nos advirtieron, nos dijeron que no lo hiciéramos, no porque faltara amor entre los dos, más bien, por que faltaba experiencia de vida, tener más aventuras, quizás conocer a otras personas, vivir juntos, tener una vida antes de tomar la decisiones de estar por siempre con la misma. Fuimos demasiado codiciosos, quisimos hacer las cosas a nuestra manera sin pensar en nada más, pero en mi defensa, jamás pensé que iba a terminar de esta manera pero venos aquí, sentados en una mesa que nos separa, en una fría oficina en completo silencio dónde un documento yace frente a nuestros ojos, teniendo al hombre que siempre he amado frente a mí, tomando aquel documento, firmando el dichoso papel que nos separara por siempre, es cuando caigo en cuenta y las palabras de las personas que nos rodean me confirman que debí hacerles caso a todos ellos y no haberme casado tan joven. Me corazón se fractura cuando firma sin dudas, sin arrepentimientos, sin siquiera temblar aunque sea un poco. Así como firmo un papel el día que nos unimos llenos de promesas y sueños por cumplir, así mismo, hoy día él, firma la sentencia que nos separa por siempre. Agradezco no tener hijos con él, sino, las cosas serian mucho más complicadas para mí, para nosotros, al menos ahora puedo desaparecer sin problemas de su vida y él, de la mía. Algo complicado si tenemos en cuenta que tenemos el mismo circulo de amigos, donde nuestras familias son buenos amigos y donde quiera que vaya o a quien saluda, un recuerdo a mi vendrá sin falta de la vida que tuvimos y que ya no tendremos más. Me duele todo esto, pero mas que dolor, siento una profunda rabia por todo lo que esta pasando. Fue él quien decidió terminar con lo que teníamos. Fue él quien decidió dar fin a cinco años de matrimonio. Fue él, quien decidió olvidarse de mí y pensar solo en él. Fue él, quien decidió ser alguien distinto donde yo, ya no encajaba en su vida. Fue él, quien decidió rendirse con nosotros. Fue él, quien decidió que era mejor un divorcio que buscar una solución a nuestros problemas o quizás, no lo había y yo solo intento buscar respuestas para que no duela tanto esta traición de su parte. Por que lo es, es una clara traición del amor infinito que dijo tenerme, a los sueños que esperábamos por cumplir o a las promesas que se quedaran olvidadas en esta habitación. - Señora Moore...- escuchó como me llaman por mi apellido de casada, y donde creo que será la última vez que escuché que alguien me llamé así. ¿Lo amo? Si lo hago, por eso me duele demasiado lo que está sucediendo entre nosotros y aunque podría haber peleado, intentado arreglar nuestras diferencias, hacerlo entrar en razón para salvar el amor que juramos nunca se acabaría, decidí amarme primero, tener el suficiente amor propio para dejarlo ir y no buscar lo que no desea ser encontrado. No lo iba a obligar a estar a mi lado cuando se nota, que él ya no lo deseaba. Quizás tiene a alguien más en su vida, una mujer que le da lo que yo no le di. Y si es así, habla mal de él y no de mí. Yo fui honesta en mis sentimientos, en el amor que siempre le he tenido. Jamás lo engañe, ni siquiera malos pensamientos con otro hombre se cruzaron por mi mente e incluso, aún ahora, no soy capaz de pensar en nadie más que no sea solo en él y en el amor que claramente, al menos de mi parte, no ha muerto. No tengo cabeza para pensar en otro hombre, cuando al único que he amado, está frente mí, luciendo tan ausente y lejano. Espero que no se arrepienta de esta decisión, por que algo me dice, que en un futuro lo hará, pero yo, ya estaré lo suficientemente lejos de él, olvidando, lo que alguna vez vivimos. - Te toca firmar - me dice mi mejor amiga, que es también mi abogada. Cabe resaltar, que ambos abogados son nuestros amigos y que el día de hoy, están ejerciendo sus profesiones separando a sus mejores amigos. Ninguno esta de acuerdo con esto, Tatiana me pidió que buscara una solución, que no podía dejar al amor de mi vida irse como si nada. ¿Pero que sentido tiene pelear por un amor, por alguien que ya no quiere nada conmigo? No, eso seria humillarme de una manera en que no estoy dispuesta a ceder, el fue claro en que no deseaba nada mas conmigo y yo, con todo el dolor del mundo, acepte esa decisión. Levanto mi rostro y me fijo en mi mejor amiga. Tatiana me dice con los ojos que todo esto es un error, pero así como ella no logra entender esta situación, menos yo. Rodrigo me grita lo mismo con sus ojos pero con pesar cuando lo veo, le sonrió, porque ya no hay nada más que hacer. - ¿Dónde debo firmar? - le pregunto y ella soltando un suspiro asiente y me indica en el documento donde es que va la firma que me separa del amor de mi vida. Ya no puedo seguir retrasando lo inevitable y con el dolor de mi alma, debo seguir adelante.El invierno en Londres siempre tenía una forma de congelar los errores, pero no de borrarlos. Para Julian Thurne, los meses posteriores a aquella fatídica noche en el ático no fueron más que un torbellino de pólvora, tribunales y un silencio ensordecedor.Silas Vane intentó dar su zarpazo final, pero un hombre que ya lo ha perdido todo no tiene miedo de jalar el gatillo. La caída de Vane fue sangrienta y definitiva, un cierre judicial y policial que limpió el fango del peligro, pero que dejó la vida de Julian convertida en un desierto de escombros.Porque cuando Julian regresó al ático, con el hombro curado y las pruebas de que Isabel era solo un fantasma del pasado, ya no había nadie a quien convencer.Eleanor se había ido.No dejó notas, ni pistas, ni un solo hilo del que tirar. Sus abogados se encargaron de disolver cualquier lazo legal con una eficiencia fría y deshumanizada. Julian movió el cielo y la tierra; contrató a los mejores investigadores, gastó fortunas y recorrió cada r
El motor de la camioneta de Arthur apenas se había detenido cuando Julian ya tenía la mano en la manija de la puerta. Salió del vehículo ignorando el quejido sordo de su hombro izquierdo y subió en el ascensor hacia el ático con el corazón latiéndole en la garganta. Treinta días de encierro, de fiebre y de dudas se reducían a este momento. Solo necesitaba ver a Eleanor, envolverla en sus brazos y convencerse de que el mundo exterior no se había destruido por completo.Abrió la puerta principal con su juego de llaves. El ático estaba en penumbras, sumido en un silencio sepulcral que le erizó los vellos de la nuca.—¿Eleanor? —llamó, con la voz ronca.No hubo respuesta. Julian avanzó por el pasillo, con pasos pesados y urgentes. Al llegar al umbral de la habitación de invitados, la vio. Eleanor estaba de pie frente a la cómoda, de espaldas a él, alisándose con dedos temblorosos el vestido de lino azul.Al escuchar sus pasos, ella no se giró con alegría, ni con sorpresa. Se dio la vuelta
El aire fresco de la tarde acariciaba el rostro de Eleanor mientras caminaba a paso lento por la calzada. Después de semanas de encierro y angustia, estar allí fuera, rodeada del bullicio elegante de la ciudad, se sentía como un renacimiento.Se detuvo frente a la elegante fachada de Petite Étoile, una de las boutiques infantiles más exclusivas de la zona. El escaparate, decorado con ositos de felpa y ropita en tonos pastel, la atrajo como un imán. Sintió un cosquilleo de pura ilusión en el pecho y, venciendo la timidez, empujó la puerta de cristal. Una campanilla tintineó suavemente, dando paso a un ambiente cálido con aroma a colonia de bebé y lavanda.Una dependienta de aspecto dulce y sonrisa amable se acercó de inmediato al verla contemplar unos minúsculos patucos de lana.—Buenas tardes —saludó la empleada con voz suave—. ¿Busca algo en especial o algún regalo para un bebé?Eleanor sintió un tierno vuelco en el corazón. Por primera vez, no era una espectadora.—Buenas tardes. En
El sonido de las horquillas al caer sobre el tocador de cristal era lo único que alteraba el silencio de la habitación. Eleanor terminó de retocar su cabello, mirándose al espejo con minuciosidad. Se puso un vestido casual de lino, de un azul suave y fresco, con un corte sencillo en línea y un discreto escote en V que caía con total naturalidad sin ajustar en ninguna parte. A simple vista, nadie notaría su estado, pero al ponerse de pie frente al espejo de cuerpo entero, ella misma pudo percibir esa sutil, casi imperceptible curva en su vientre que la hacía lucir diferente. Tenía una luz especial en el rostro, una fachada de tranquilidad que había construido a pulso.Al salir de la habitación, lista para marcharse, se encontró con Bastian en el pasillo principal del ático. El mayordomo sostenía una bandeja con el desayuno intacto y, al verla tan arreglada y radiante, no pudo ocultar su sorpresa, aunque sus ojos reflejaban una profunda preocupación.—Señora Eleanor, luce verdaderamen





Último capítulo