Capítulo 9. El Eco de un Nombre
Julian la inmovilizó contra la piedra fría de la pared, sus manos como grilletes sobre sus hombros. Por un segundo, la luz de las velas vaciló y sus ojos azules, nublados por el whisky y el dolor, se perdieron en las facciones de Eleanor. En la penumbra, el gris de los ojos de ella se tornó del color de un recuerdo prohibido. El delirio lo golpeó con la fuerza de una ola: por un instante eterno, no era Eleanor quien estaba allí, sino la mujer que lo había traicionado.—Isabel... —el nombre escapó de sus labios como una maldición, cargado de un anhelo que sabía a hiel.Esa confusión prendió un fuego oscuro en sus venas. En un arrebato de furia y excitación, Julian la obligó a girarse, presionando su cuerpo contra la pared de piedra. Eleanor sintió la aspereza de la roca contra sus palmas mientras él, movido por una urgencia animal, la despojaba de sus pantalones de cuero.La dejó expuesta ante él, vulnerable y firme a la vez. Julian la sujetó por las caderas con una fuerza que dejaría
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