Mundo ficciónIniciar sesión—No logro sacarte de mi mente... Era ya de noche, y él me besaba con hambre y ganas. Él era mi esposo, pero por error y de mentiras. Una vez, yo estando toda borracha, una cosa llevo a la otra y me lo termine follando, pero lo que nunca pensé era que el asunto pues se me saliera de las manos. Entonces yo, una señorita de la alta alcurnia, no tuve más remedio que permitir que dicho arruinado se casara conmigo y se convirtiera en mi esposo. Debido a la mucha insatisfacción q ue yo sentía y a mi nulo deseo de estar con él, me encargue de hacerle la vida de cuadritos, entonces lo humillé, abusé de él, le di cachetadas, puños y patadas, y me aguanto cuanto regaño o insulto se me saliera, pero él en cambio pacientemente nunca se enojó, y siempre mantuvo hacia mí una actitud dócil y gentil Pero algo en mi corazón fue cambiando con el tiempo, y justo cuando poco a poco me fui enamorando de él, me pidió el divorcio. Al parecer ese joven gentil y lleno de virtudes del pasado de repente se convertía, en un hombre calculador a quien yo quizás no conocía. Mas, sin embargo, y por las vueltas que da la vida, mi familia paso de la abundancia a la escasez, pero a él eso no le importo y estuvo allí para socorrerme, el marido virtuoso aquí alguna vez pisé y traté como mierda, se convirtió en mi único apoyo.
Leer másCon algo de vergüenza, me toqué la mejilla, que estaba caliente. No entendía cómo podían hablar de esas cosas íntimas con tanta seriedad. El antiguo Mateo también era así: siempre impecable, correcto, casi como de un cura. Pero en la cama… no hay palabras para describir la bestia en la que se convertía.Estaba perdida en esos recuerdos de Mateo cuando la voz ronca de "Darío" me devolvió a la realidad.—Bah, ni lo mencione. Ella anda haciendo berrinche.El señor Felipe por fin habló:—¿Ah, sí? ¿Y por qué de repente está de mal humor? ¿No será que anoche la trataste demasiado brusco?—¿Cómo que brusco? —"Darío" respondió con un fingido tono quejumbroso—: Anoche estaba tan a gusto que hasta se desmayó.Cuando oí eso, blanqueé los ojos, furiosa. "Mateo, esto no se queda así."—Entonces, ¿qué le pasa? —preguntó el señor Felipe con tono amable y preocupado."Darío" se rascó la cabeza y respondió, irritado:—Se le subieron los humos. Solo que, como hizo un par de cosas para usted, señor Feli
—¡Jm!Con fingida terquedad, volteé la cara, aparentando estar molesta.Luego, "Darío" volvió a gritarme:—¿Ahora te pones caprichosa? No digas que ninguno de mis amigos te codicia; y aunque lo hicieran, ¿qué? Cuando me canse de ti, igual te voy a envolver como regalo para ellos.Tan pronto como salieron esas palabras de la boca de "Darío", los guardaespaldas se frotaron las manos y me miraron de una forma todavía más descarada.De inmediato, apreté los labios, exprimí dos lágrimas y miré a "Darío" con falsa indignación:—Tú dijiste que mientras te atendiera bien, no me ibas a entregar a nadie. Me mentiste otra vez… Yo… yo no quiero vivir más. ¡Voy a buscar al señor Felipe para que me haga justicia!—¡Basta, maldita mujer! ¡Qué escándalo! Levántate de una vez y baja conmigo a ver al señor Felipe —me interrumpió "Darío", impaciente.Desde la puerta, uno de los guardaespaldas añadió:—Sí, el señor Felipe lleva rato esperando abajo. Claro, claro. En realidad, el señor Felipe no quería que
Me desperté de repente.Me senté en la cama y miré a mi alrededor… y entonces me di cuenta de que ya era de día.Los golpes urgentes en la puerta seguían, acompañados de los gritos emocionados de los guardaespaldas:—Darío, ¿ya se levantó o no? ¡Darío! —gritó uno.—¡Levántese rápido, Darío! ¡El señor Felipe ya llegó! —agregó otro.—¡Darío!Muy fastidiada, me quedé pensando. ¿Otra vez venía el señor Felipe? Mateo ya estaba despierto y se disponía a abrir, ya como "Darío". Pero cuando llegó a la puerta, se detuvo de repente y volteó hacia mí. No supe por qué, pero lo noté muy extraño.Incliné la cabeza, confundida, y le pregunté sin emitir sonido, solo moviendo los labios: "¿Qué pasa?". Mateo solo me miró, muy resignado, y enseguida me gritó con la voz ruda de "Darío":—¡Puta, vístete de una vez! ¿Qué? ¿Te parece que yo no soy suficiente, que no te dejo satisfecha, y ahora quieres tentar a mis amigos, verdad?Me asusté un poco y, con los ojos hacia abajo, recién entonces me di cuenta d
Con esa sensación de calma, me sentí muy cansada y somnolienta, como si me hubieran quitado una gran carga de encima. La luz amarilla tenue de la lámpara de pared bañó la habitación, manteniendo a raya el frío de la noche.Mateo me cargó y caminó despacio; sentí el roce de la bata en la mejilla, impregnada del aroma a jabón que traía encima, y eso me fue hundiendo en el sueño. Sin darme cuenta, escondí la cara en su cuello, la punta de mi nariz rozó su piel tibia, y mi respiración se fue haciendo lenta y tranquila.Pero cuando salimos del baño… había que seguir actuando. Yo ya no tenía fuerzas ni para hablar; en cambio, Mateo me dijo:—¡A ver si se te quita lo brava, puta de mierda! ¡Con cuatro veces ya te dejé desmayada! Si vuelves a desafiarme, a usar al señor Felipe para aplastarme, ¡te hago morir en la cama! ¡Puta, siempre desobediente!Me dirigió las palabras más vulgares, pero al mismo tiempo me acostó en la cama con una delicadeza que no se parecía en nada a sus insultos. Tuve q
Mateo se rio un poco y preguntó:—¿Lo que quiero hacer? ¿Qué es lo que quiero hacer?"Ah… este hombre sí que sabe hacerse el tonto", pensé.—Dilo, Aurora —insistió.Cuando vi eso, me conmoví; dijo, con una sonrisa pícara, mientras me miraba fijamente con insistencia. Después alzó la mano y me acarició el cabello despacio con los dedos, con muchísima ternura. Sin decir nada, me puse de puntillas, le rodeé el cuello con los brazos y lo besé.Mateo se tensó de forma evidente. Al segundo siguiente, noté que le daba gracia; luego me rodeó con los brazos y fue profundizando el beso poco a poco. Lo sentí ir despacio, de una exploración cuidadosa a algo más profundo y envolvente. Su mano se coló por el borde empapado de la ropa y descendió lentamente por mi espalda con la presión exacta, como si quisiera calmar mi tensión.Me relajé contra su pecho, metí los dedos en su cabello mojado y sentí cómo su mano recorría mi piel; cada caricia venía llena de cuidado y de tanta ternura que conmovía.Mi
No supe si fue porque ya habíamos terminado de hablar de lo importante, pero de repente noté su mirada demasiado concentrada entre el vapor, que parecía arder cuando, sin querer o no, viraba hacia mis pechos.Me sonrojé automáticamente.Mateo, por lo general, siempre se veía serio y correcto, pero cuando estaba a solas conmigo… ¿por qué siempre le costaba tanto contenerse? De hecho, durante el día ya había notado que se había quedado con ganas, y ahora, seguramente tenía ganas otra vez.Pero no hizo nada; solo me revolvió el cabello mojado y me sonrió.—Fuiste y volviste, y además te llevaste un susto… debes estar cansada —me dijo—. Date una ducha y acuéstate temprano.Después de decir eso, me dio la espalda y, sin más, se quitó la ropa para quedarse bajo la regadera. Yo me mordí el labio, avergonzada, queriendo decirle que en realidad no estaba nada cansada; pero cuando las palabras estaban por salir, se me atascaron, y al final no dije ni una sola.Él terminó de ducharse muy rápido y
Último capítulo