Capítulo 79. Arañas de Hielo
Julian se despidió con un beso que a Eleanor le supo a ceniza. Sus ojos, antes llenos de una luz familiar, estaban nublados por una fatiga que no venía del insomnio, sino de la paranoia. Cuando el motor del coche —uno que él mismo insistió en conducir, rechazando la mano de Arthur— se alejó, el silencio en la casa se volvió asfixiante.
Eleanor no se movió. Se quedó mirando la puerta cerrada, sintiendo el frío de la sospecha calándole los huesos. Lentamente, giró la cabeza hacia Bastian, que per