Capítulo 9. El Eco de un Nombre
Julian la inmovilizó contra la piedra fría de la pared, sus manos como grilletes sobre sus hombros. Por un segundo, la luz de las velas vaciló y sus ojos azules, nublados por el whisky y el dolor, se perdieron en las facciones de Eleanor. En la penumbra, el gris de los ojos de ella se tornó del color de un recuerdo prohibido. El delirio lo golpeó con la fuerza de una ola: por un instante eterno, no era Eleanor quien estaba allí, sino la mujer que lo había traicionado.
—Isabel... —el nombre esca