Capítulo 78. El frío de los vivos
Marylebone lucía impecable bajo el sol. Eleanor aparcó el coche en una calle flanqueada por fachadas de ladrillo rojo y macetas de flores que parecían demasiado vibrantes para el estado de ánimo de ambas. Caminaron en un silencio tenso hacia la galería, una tienda de antigüedades y diseño que olía a cera de abejas y a historia.
Pasaron largos minutos recorriendo los pasillos. Eleanor señalaba lámparas de cristal soplado y apliques de bronce, forzando comentarios sobre la luz y los espacios de l