Capítulo 81. La doble línea del destino
Eleanor estaba sentada sobre la tapa del inodoro, con la espalda rígida y las manos entrelazadas con tanta fuerza que sus nudillos habían perdido todo rastro de color. El silencio en el cuarto de baño era tan denso que podía escuchar el tictac de su propio corazón golpeándole los oídos. El mármol frío bajo sus muslos no era nada comparado con el hielo que sentía recorriéndole la columna.
Sobre la encimera de cuarzo, el pequeño dispositivo de plástico blanco parecía un artefacto alienígena, una