Capítulo 76. El latido oculto
Estaba extenuada. El sudor frío le pegaba mechones de cabello a la frente y sentía que sus músculos se habían convertido en gelatina. Intentó ponerse en pie, pero el mundo giró en un ángulo violento y sus piernas cedieron.
—Señora...
La voz de Bastian fue un susurro apenas audible sobre el zumbido de sus oídos. Eleanor cerró los ojos, avergonzada de su propia debilidad. No lo había oído entrar, pero no le sorprendía; Bastian se movía por la casa como una extensión de las sombras.
—Vete, Bastian