Capítulo 6. Espasmos en el Abismo.
Julian la despojó de lo que quedaba de su blusa y con una destreza inesperada en sus dedos toscos, deshizo el cierre del corpiño, que todavía estaba atado bajo sus pechos, ciñendo su cintura y realzando su redondez, permitiendo que la prenda se soltara y cayera finalmente sobre la madera, dejando su torso completamente desnudo. Se detuvo un instante, simplemente observándola. Su mirada no era la de un hombre que solo busca placer; era la de un devoto ante un altar, viendo en ella una diosa del Olimpo que había descendido a su infierno personal.
Esa forma de ser mirada —con una mezcla de reverencia, hambre y asombro— terminó de desbaratar la poca compostura que le quedaba a Eleanor. Sintió cómo su bajo vientre se convertía en un horno de calor ardiente. Entre sus piernas, la sensación era abrumadora: su lencería de seda se volvía una segunda piel humedecida por su propio deseo. Eleanor podía sentir cómo la esencia de su propia excitación, ese flujo cálido y traicionero, escapaba de su