Capítulo 77. El rugido del silencio
Londres despertó con una claridad insolente. El sol de la mañana se filtraba por los grandes ventanales del comedor, iluminando las motas de polvo en el aire y haciendo brillar la platería con una intensidad que a Eleanor le resultaba hiriente. Era una tregua climática que parecía burlarse del caos que reinaba tras las paredes de la mansión.
Sentada frente a Julian, Eleanor observaba su plato con una mezcla de pavor y determinación. El aroma del café, que antes la reconfortaba, ahora le golpeab