Capítulo 80. La coartada del acantilado
La suite 700 del Hotel Savoy no olía a hogar, sino a anonimato y cera de muebles caros. Julian arrojó su abrigo sobre un sillón Luis XIV y caminó hacia el ventanal que dominaba el Támesis. Londres, con sus luces de neón y su tráfico febril, parecía una maqueta a sus pies.
Se sentía sucio. La imagen de Eleanor despidiéndolo con aquel beso de despedida le escocía en la piel como una quemadura ácida. Mentirle a ella, la mujer que había reconstruido sus ruinas, se sentía como una profanación, pero