Mundo ficciónIniciar sesiónSelena Barker acaba de recuperar su libertad. Tras una década soportando el maltrato silencioso del doctor Enzo Visconti —un hombre más preocupado por su estatus que por su esposa—, ella decide que ya fue suficiente. Se acabó la Selena sumisa que agachaba la cabeza; ahora es el turno de la mujer que no teme mostrar sus curvas en un vestido rojo ajustado ni detonar la tarjeta de crédito de su ex antes de firmar el divorcio. Pero el destino tiene un sentido del humor retorcido. En su primera noche de celebración, Selena termina bailando sobre una barra, desafiando a su exmarido y siendo rescatada por un extraño oscuro y peligroso que parece sacado de una fantasía italiana. ¿El problema? Ese hombre no es otro que Alessandro Di Doménico, su nuevo jefe. Alessandro es un magnate de perfil bajo, tan poderoso como enigmático, que no busca una secretaria... busca a alguien en quien confiar en un mundo lleno de mujeres interesadas. Y Selena, con su sinceridad atroz, su inteligencia, su belleza "XL" y su valentía recién estrenada, es la mayor amenaza que su autocontrol ha enfrentado jamás. En una oficina donde la estética es ley, Selena demostrará que una verdadera diva no se define por su talla, sino por su capacidad de poner de rodillas al hombre más temido del país. ¿Podrá Selena mantener el profesionalismo frente al hombre que la vio en su momento más salvaje? ¿O caerá ante la tentación de su ángel de la guarda con sonrisa de demonio?
Leer másPOV Selena
Viernes, 9 AM Suspiro en la oficina del abogado como si fuera el último adiós. Y bueno, si me pongo a pensar, lo es. Después de diez años de matrimonio, unos doce kilos de más y una infinidad de maltrato silencioso, espero que esta sea la última vez que tenga que ver al engendro de mi exesposo, el gran doctor Enzo Visconti. —Firme aquí y aquí, por favor, señora Visconti —me indica el abogado. Yo lo miro con cara de asesina serial, clavándole mis hermosos ojos pardos. —Barker... —corrijo con una furiosa seriedad—. Soy Selena Barker. Firmo con rapidez bajo la atenta mirada de mi adorado exesposo. Posiblemente, hasta el último momento estuvo creído de que le iba a poner algún problema, a inventar excusas o a rogarle para que tratemos de enmendar el matrimonio. Esa estupidez la cometí una vez; dos no solo sería una estupidez, sino firmar la sentencia de muerte de mi dignidad. Cuando termino de firmar, lo miro esbozando una sonrisa cargada de sorna y le paso el documento para que lo firme él. —Espero que estés conforme con el acuerdo. No quiero que tus padres piensen que te dejo en la ruina —dice mientras firma. Me muerdo el labio para no responder. El predecible Enzo, siempre pensando en lo que dirán los demás de él. Nunca le importó mi opinión y mucho menos mis sentimientos. Diez años de los cuales ocho fueron un verdadero infierno. Me pregunto una y otra vez por qué callé y seguí. Suspiro hondo y hago una mueca cargada de desdén. Iba a guardar silencio, pero me digo que ya fue demasiado y que tengo que sacar a relucir esa sinceridad atroz con la que nací y que por mucho tiempo mantuve de rehén por no romper la "paz familiar". —No te preocupes, Enzo. Mis padres te van a seguir queriendo, aunque se enteren de que le compraste el último BM a tu noviecita de turno —digo y me pongo de pie como si fuera la emperatriz de Rusia, mostrando que mi dignidad ya no se negocia—. Si no fuese porque tengo un hijo que necesita lo mínimo para vivir, te habría dejado todo para que te lo metas en donde no te da el sol. Tomo mi hermoso bolso Gucci. —Buenos días. Mi ahora exmarido y su abogado se quedaron con la boca abierta mientras yo, sin mirar atrás, me iba de ese lugar seguida por mi abogada y mejor amiga, Laura Soriano. —En un momento pensé que le ibas a meter una bofetada. Te juro que temí que todo se fuera al diablo. Ese tipo es insufrible. Yo niego con la cabeza y sonrío. —Enzo siempre fue así, solo que yo estaba tan enamorada que siempre justificaba todo —digo mientras pulso el botón del ascensor—. Y después, cuando nació Luca, pensé que las cosas iban a cambiar, pero eso nunca sucedió. —¿Y ahora qué vas a hacer? ¿Pensaste en lo que vas a hacer? Saco de mi bolso una pequeña carpeta con dos pobres hojas. —Me voy a presentar donde me dijiste —le digo sonriendo—. Total, el "no" ya lo tengo, ¿no? Laurita asiente. —Con intentarlo no pierdes nada, amiga. Sé que tu formación es mucha para ser una simple secretaria... pero bueno, por algo se empieza, ¿no? —me mira de reojo. Yo la miro arqueando una ceja. —¿Qué tengo? ¿No combiné bien mi ropa o qué? —le digo mirándome—. Fue lo último de Armani que me compré cuando le detoné la extensión de la tarjeta a mi amado ex —bromeo, posando. Claro que lo hice. Porque tengo dignidad y orgullo, ¿pero tonta? No, ni un pelo. El último año me dediqué a darme todos los gustos de los que me había privado. Ya de la Selena tranquila y buena esposa no quedaba nada. —No, estás bien vestida. Siempre tuviste buen gusto para eso, solo que, en ese lugar, ahora que lo pienso, cuidan bastante la estética —mi amiga agacha la cabeza y me dice por lo bajo—: No quiero que te sientas mal... pero por ahí tu físico te juega en contra. Convengamos que estás un poquito pasada de kilos. Yo me miro en el espejo del ascensor y me río. —Bueno, no seré una modelo de Victoria's Secret, pero tengo lo mío. Para tener treinta y cinco años, yo me veo bien. Una quiere hacer un esfuerzo por mantener el amor propio y la buena energía en alto, pero a veces el entorno no ayuda, entiendo que me lo dice por mi bien, pero ya me aburren con eso. Yo me siento hermosa, libre y única. ¿Está mal eso? no lo creo. Salgo de ahí como alma que se lleva el diablo, directo a la entrevista de trabajo, quedando con Laurita en vernos en un club exclusivo a la noche para celebrar mi divorcio. Desde que tomé la decisión de separarme de esa calamidad masculina, comencé a buscar trabajo, pero me ha costado mucho porque nunca he trabajado en el ámbito para el que estudié. En mi casa estaba mañana, tarde y noche cumpliendo el rol de esposa y madre. Si bien con el paso del tiempo logré terminar mis estudios, nunca pude ejercer. Así que, por recomendación de Laura, me postulé para trabajar en la empresa de uno de los hombres más famosos y ricos del país: Alessandro Di Doménico. Estaciono y bajo con una esperanza que ni sé de dónde sale. El lugar parece un desfile fijo: hombres con trajes impolutos y mujeres divinas con vestidos entallados, tacones de diez centímetros. No entiendo cómo caminan sin fracturarse. Me acomodo el cabello oscuro y lacio, respiro y me acerco a la recepción. —Soy Selena Barker. Vengo por el puesto de secretaria ejecutiva —digo abrazando mi Gucci como si tuviera superpoderes. La recepcionista me escanea. —¿Qué pasa? ¿Se me corrió el labial? —le lanzo, cansada. Ella se sobresalta y sonríe. —Pase al último piso. Están entrevistando arriba. Subo y me coloco mis anteojos porque no sé si son los nervios o qué, pero mi pequeña miopía me está jugando en contra y empiezo a ver borroso. Al entrar al piso, la escena es clara: desfile de Barbies. Genial. De aquí salgo como entré: desempleada. Me siento y, de inmediato, una mujer de unos sesenta años me hace señas. —¿A mí? —pregunto, incrédula. —Sí, usted. Entro a una oficina y ahí está: una mujer sacada de revista, un monumento humano. La conozco. Eleonora Montalvo, la novia del jefe, o eso dicen los medios. —La llamé porque, de todas las aspirantes, es la que más se ajusta a lo que busco. El puesto de Rita no lo puede ocupar cualquiera. —¿Pero vio mi currículo? —le pregunto. Lo toma y lo ojea como si fuera un volante. —Tiene un hijo. Mejor. Está contratada. Preséntese el lunes a las nueve. Rita le explicará todo —sonríe, fría—. Mi prometido es un hombre particular. Necesito gente de mi confianza cerca de él. Me miró de una manera extraña y yo me sentí en una escena de El Padrino. Trago saliva y asiento, agradecida. Estoy feliz por tener trabajo e inquieta por el jefe. ¿Qué quiso decir con que el señor en cuestión es un tanto particular? Es verdad que mucho no se sabe de él, solo que es multimillonario y que las fotos que le toman siempre son "robadas"; su perfil es muy bajo. Bueno, como sea, estoy lista para lo que venga. Universo, ahí voy.Después de aquel encuentro, nada volvió a ser igual entre ellos.Había una pasión que rozaba lo irracional.Una conexión feroz, casi peligrosa, que parecía entrelazar sus almas cada vez que sus cuerpos volvían a encontrarse.Alessandro, siempre tan correcto, tan rígido con sus órdenes y su manera de controlar la vida, perdía completamente el eje con Selena.Y eso lo desesperaba.Cumplir el bendito contrato explícito que tenía con ella se estaba volviendo cada vez más difícil.Porque con Selena no existían las líneas rectas.Ella las rompía todas.Con su inteligencia afilada, su audacia, su humor insolente y esa alegría luminosa que parecía aparecer incluso en medio del caos, desarmaba cada una de sus reglas sin el menor esfuerzo.Y Alessandro… cada vez tenía menos ganas de resistirse.Cuando se quedaron solos —el día después de la reunión de inversores— el encuentro entre ellos fue tan visceral que no parecía que la noche anterior hubiesen tenido un encuentro sexual tan salvaje y deva
POV Selena Dejo el informe sobre la mesa, deslizándolo lentamente hacia él. Mis dedos rozan los suyos apenas un milisegundo, pero es suficiente para sentir la descarga estática que podría iluminar todo el edificio. Alessandro toma los papeles, pero no los mira. Me mira a mí.Mientras me dispongo a sentarme con suma tranquilidad, me acomodo la falda. ¿Vieron eso? El tipo casi se olvida de cómo respirar cuando aduje “Problemas de logística", por llegar tarde. Y lo mejor es que él sabe perfectamente que la logística incluía a un mayordomo hindú, una nota en papel de hilo y a mí intentando recordar cómo se camina en línea recta después de su "tratamiento" de anoche.—Gracias, señorita Barker —responde él, recuperando la compostura con un esfuerzo sobrehumano—. Tome asiento. Estábamos analizando los riesgos de la fusión.Me siento. Cruzo las piernas. El roce de las medias es el único sonido en mi cabeza mientras todos los demás hablan de números.Apoyo mi barbilla sobre mi mano, mientras
POV SelenaDespués de desayuno, me di un buen baño. Confieso que hubiese querido no sacarme su aroma de encima, pero había demasiados rastros por borrar —a buen entendedor, pocas palabras—dice el refrán así que, no creo que tenga que ser muy explicita. Aunque sé que ustedes adoran leer los detalles.Solo diré para sacarles las dudas que ese hombre tiene la capacidad de satisfacer a una ballena en celo, si quisiera. Y podría embarazarla de quintillizos sin problema alguno.Sí, así como leen. ¿Satisfechas?Ahora estoy entendiendo el gran encanto de mi ángel oscuro devenido a jefe.Me miro en el espejo del baño, envuelta en una nube de vapor y con el vello de los brazos todavía erizado. Mi piel tiene ese brillo que solo te da una noche de... bueno, de lo que tuvimos.Existe una teoría que cuanto mejor atendida es una mujer en la cama, mejor piel tiene. Yo no sé si eso es cierto, pero en este momento me veo mas radiante que nunca.¿Qué diablos es esto?Put@ madre, él y sus fetiches.Me pa
POV SelenaAbro mis ojos. Lo primero que veo es la luz del sol se filtra por las cortinas. Mi corazón se acelera al notar que estoy en un lugar que desconozco por completo.Me siento en la cama con rapidez, mi mente nublada parece negarse a informarme cómo mierda llegué hasta aquí.—¡Carajos! —exclamo, golpeando con mis puños el colchón—. ¿Dónde estoy?De pronto recuerdo todo, la habitación azul, mi ángel oscuro... ¡mi jefe!¡Put@ madre!Me giro hacia el lado opuesto de la cama.Está vacío.Respiro de manera profunda, tratando de calmarme. Ahí encamino mis recuerdos desordenados.Recuerdo que fue él quien me trajo en sus brazos.Guau, ya por eso, lo estoy admirando. Sí ya lo sé, sé que creerán que mi vara está muy baja pero bueno, ¡Hay que levantar este cuerpito con su todo su peso! ¿eh?De pronto caigo en la realidad. Todo lo vivido es muy lindo, pero vine a este lugar a trabajar no de vacaciones.Busco mi celular para mirar la hora, pero no lo encuentro.Me tengo que levantar, pero.
Último capítulo