Mundo ficciónIniciar sesiónSelena Barker acaba de recuperar su libertad. Tras una década soportando el maltrato silencioso del doctor Enzo Visconti —un hombre más preocupado por su estatus que por su esposa—, ella decide que ya fue suficiente. Se acabó la Selena sumisa que agachaba la cabeza; ahora es el turno de la mujer que no teme mostrar sus curvas en un vestido rojo ajustado ni detonar la tarjeta de crédito de su ex antes de firmar el divorcio. Pero el destino tiene un sentido del humor retorcido. En su primera noche de celebración, Selena termina bailando sobre una barra, desafiando a su exmarido y siendo rescatada por un extraño oscuro y peligroso que parece sacado de una fantasía italiana. ¿El problema? Ese hombre no es otro que Alessandro Di Doménico, su nuevo jefe. Alessandro es un magnate de perfil bajo, tan poderoso como enigmático, que no busca una secretaria... busca a alguien en quien confiar en un mundo lleno de mujeres interesadas. Y Selena, con su sinceridad atroz, su inteligencia, su belleza "XL" y su valentía recién estrenada, es la mayor amenaza que su autocontrol ha enfrentado jamás. En una oficina donde la estética es ley, Selena demostrará que una verdadera diva no se define por su talla, sino por su capacidad de poner de rodillas al hombre más temido del país. ¿Podrá Selena mantener el profesionalismo frente al hombre que la vio en su momento más salvaje? ¿O caerá ante la tentación de su ángel de la guarda con sonrisa de demonio?
Leer másPOV SELENALUNES, 8:45 AMEl gran día al fin ha llegado. Llego quince minutos antes a la empresa porque mi impaciencia me está carcomiendo. No sé qué clase de hombre será mi jefe, pero me temo que, con la fama que tiene, no debe ser el hombre más tranquilo y comprensivo del planeta.Tengo tan solo unos días para aprender todo lo que la otra secretaria maneja, así que no tengo más opción que enfocarme en mi trabajo y nada más. Eso significa que debo dejar de pensar en todo lo demás. Eso incluye... lo que sucedió con aquel extraño en el club.Me friego los ojos con suavidad. No quiero recordar, porque lo vivido —lo poco que recuerdo entre las lagunas del alcohol— ha sido una locura.Suspiro hondo y me dirijo hacia el ascensor. Sé que, aunque me he vestido para pasar desapercibida, todos me miran como a un bicho raro. Sonrío para mis adentros. ¿Será mi manera de caminar? ¿Aún conservo el rastro de la noche del viernes en las caderas? Opté por llevar un traje sastre en color oscuro, mi ca
POV SelenaÉl esboza esa sonrisa diabólica que vi desde el VIP, me hace una leve inclinación de cabeza y, sin decir su nombre, se da la vuelta y regresa hacia la zona privada, escoltado por dos hombres que parecen sombras.—¡Amiga! —grita Laura sacudiéndome—. ¡Por favor! ¿Quién es ese hombre? —dice abanicándose con la mano—. ¡Es hermoso!Estoy helada, no puedo recuperarme aún. Pero el alcohol parece haber desaparecido de golpe de mi sistema.—¿Qué? —miro hacia el VIP, pero él ya se ha sentado y está encendiendo un habano mientras la rubia despampanante intenta recuperar su atención. Él ni la mira; sus ojos están fijos en la entrada del bar, como si estuviera esperando ver si me voy a salvo.La mayor locura que he hecho desde que me mudé a Italia con mis padres fue haberme fugado un fin de semana con Enzo después de una semana de haberlo conocido. Como hija mayor de tres hermanos, siempre tuve que ser la chica buena que daba el ejemplo. Estudié en un colegio religioso en Nueva York; al
POV ALESSANDROVIERNES, 11:30 PMApenas puedo creer lo que me está pasando. Vine con unos amigos a este bar buscando lo de siempre: un lugar donde sé que tendré privacidad y un respiro del mundo que trato de controlar.Como siempre, hay chicas que nos acompañan para divertirnos un poco. Necesito alejarme de la rutina, pero más que nada de la hija de mi socio, Eleonora. Sé que por mandato familiar y por mantener el equilibrio en nuestra sociedad, debería casarme con ella. Posiblemente algún día lo haga; es el precio de mi apellido. Pero no es algo que me preocupe en este momento. Mi mente está en cualquier lugar, menos en un altar.Por ahora me limito a pasar la noche escuchando conversaciones absurdas y vacías de mis acompañantes. No me interesa lo que digan, pero al menos estoy lejos de mis responsabilidades y del control de "mi novia".Sus celos son tales que hasta se atrevió a contratar a una secretaria a su gusto y parecer; obviamente para controlar cada uno de mis movimientos. Si
POV SelenaApenas puedo creer mi suerte. ¡Esa mujer me contrató! Algo que creía imposible, sucedió. Nota mental: debo prohibirle a mi traicionera mente que me subestime; yo puedo lograr eso y mucho más.Condejo: ¡Ustedes tampoco permitan que su mente las traicione, jamás!Aunque Enzo me haya dicho una y mil veces que no podía hacer nada sin él. Que con quedarme en casa y criar a nuestro hijo estaba más que bien. Recuerdo las veces que agaché la cabeza, asintiendo, y juro que me dan ganas de darme un par de bofetadas. ¿En qué estaba pensando? ¿Cómo dejé que eso pasara?Estaciono mi auto y suspiro mientras miro el lugar adonde me acabo de mudar. No es ni la mitad del sitio en el que vivía, pero bueno, así son las cosas. Mi exesposo hizo todo tan "bien", que prácticamente me fui con lo puesto.Apenas entro, mi hijo viene con cara de pocos amigos.—¿Por qué tardaste tanto? —reprocha—. Tengo hambre. Y no me gusta lo que cocina la abuela María.La abuela, es mi madre. La amo, pero es mi tor
POV Selena Viernes, 9 AM Suspiro en la oficina del abogado como si fuera el último adiós. Y bueno, si me pongo a pensar, lo es. Después de diez años de matrimonio, unos doce kilos de más y una infinidad de maltrato silencioso, espero que esta sea la última vez que tenga que ver al engendro de mi exesposo, el gran doctor Enzo Visconti. —Firme aquí y aquí, por favor, señora Visconti —me indica el abogado. Yo lo miro con cara de asesina serial, clavándole mis hermosos ojos pardos. —Barker... —corrijo con una furiosa seriedad—. Soy Selena Barker. Firmo con rapidez bajo la atenta mirada de mi adorado exesposo. Posiblemente, hasta el último momento estuvo creído de que le iba a poner algún problema, a inventar excusas o a rogarle para que tratemos de enmendar el matrimonio. Esa estupidez la cometí una vez; dos no solo sería una estupidez, sino firmar la sentencia de muerte de mi dignidad. Cuando termino de firmar, lo miro esbozando una sonrisa cargada de sorna y le paso el documento
Último capítulo